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Ana Teitelbaum: De penes y penas 1era. parte.

Ana Teitelbaum: De penes y penas 1era. parte.

La circuncisión se menciona en el siglo V a. C. por Heródoto, que la nombra en el segundo libro de sus Historias y le atribuye su origen a los egipcios. Este origen parece confirmado por los numerosos vestigios arqueológicos, el más antiguo es un grabado de la tumba de Ankhamahor (entre 2300 a. C. y 2200 a. C.) que representa una circuncisión practicada con una piedra de sílex en un hombre de pie.

 Aquello que el gran Rabelais llamó la “primera pieza del armamento de un guerrero” y que –seguramente- junto con la contrapartida femenina, necesaria, pero cada vez menos, para asegurar la reproducción de la especie, debe contar con la mayor cantidad de nominaciones que la historia de las metáforas y eufemismos haya contabilizado. Se podrían identificar diferentes hitos en la historia del mundo, rastreando las ideas sobre el mismo y la relación que el hombre estableció con ellas. Reverenciado, temido, sacralizado, reprimido, exhibido, execrado o medicalizado, ha sido y sigue siendo objeto de absoluto interés para la humanidad entera.

Para los hebreos, la circuncisión, practicada por otros muchos pueblos y que posiblemente haya comenzado hace miles de años en el Valle del Nilo y copiada por pueblos vecinos, como culto de adoración al sol, representa un mandato divino, La ofrenda del prepucio como forma de pactar la relación con Dios y su pueblo elegido nos remite a un pene ofrendado a la divinidad.

Los griegos, por el contrario detestaban la circuncisión y los judíos que vivían entre ellos, trataban de disimularla apelando a distintos artilugios. El trámite no era sencillo ya que los griegos se ejercitaban desnudos en el gimnasio (usando un instrumento llamado fíbula que tiraba el prepucio hacia adelante y lo sujetaba). En casos extremos recurrían a una técnica quirúrgica llamada “epipasmos” (cubrir tirando) Cuando esta costumbre se generalizó entre los judíos helenizados los rabinos se radicalizaron y alrededor del año 140 exigieron que el glande fuera descubierto totalmente, haciendo inútil el epipasmos. Posteriormente, durante el nazismo, muchos hombres judíos desesperados se someterían a la operación.

Cuando reinó en Judea Antíoco Epífanes (que descendía de uno de los generales principales de Alejandro Magno) los encargados de circuncidar (mohels) eran lapidados o arrojados a jaurías de perros salvajes. Según el libro de los Macabeos, las madres de los niños circuncidados eran agarrotadas y los niños asfixiados y colgados en cruces de madera como advertencia”

Durante el reinado de Adriano –según la Pesiqta de Rab Kahana- los soldados cortaban los penes circuncidados y los tiraban al aire burlándose del dios judío.

El pene, de esta forma se colocaba al servicio de Dios, a diferencia de otras culturas antiguas que se valían de los penes de los dioses para ser adorados y colocados a su servicio. Y a diferencia de los penes de Enki (sumerio) Atum (egipcio) Siva) y Buda (hindúes) el Dios judío no tenía pene porque no tenía cuerpo.

Los ejemplos de la importancia otorgada a este órgano son innumerables y éste, espiritualizado por Dios, debía ser cuidado y funcionar completamente., ya que –según el Antiguo Testamento- quien tenga los testículos aplastados o el pene dañado será excluído de la Asamblea del Señor. Tanto los rabinos para dirigir un templo, como luego los sacerdotes católicos y el Papa serán “revisados” para ejercer su función. El juramento más sagrado se hacía tocando los genitales (que en la Biblia es traducido con el eufemismo muslo) Jurar tocando el órgano “sagrado” es una cita reiterada en los relatos bíblicos y aún hoy reviste carácter de juramento, como se evidencia en el vocablo “testificar”.

Desde las miles de “Kuroi” (estatuas de jóvenes desnudos diseminadas por el mundo griego), las “Hermae” (columnas con la cabeza del dios Hermes con una erección en el medio) que se extendían por tal mundo, hasta los “Phaloi” que desfilaban en las ciudades con sus erecciones en honor de los dioses, la asociación entre el órgano y lo divino se nos hace obvia.

Platón localizó lo divino en los hombres en la médula espinal, formada (según indica en el Timeo) de la misma sustancia que el cerebro y el semen. Y esta divinidad tiene el impulso vital para chorrear, lo que explica la obstinación y desobediencia del pene. Y da lugar a la pregunta eterna: ¿el poseedor posee al pene o el pene posee al poseedor?

Así, el pene formaba parte de una idea, que en la concepción griega era activa, fértil y masculina. La materia-en contraposición- era pasiva, infértil y femenina. Esta idea investía la materia y la hacía poseedora de sentido. El pene, pues, también reviste carácter sagrado y es reverenciado como atributo de poder, dentro de un sistema de jerarquías donde la desnudez masculina es asociada con la potencia guerrera, Y la práctica de la pederastia debe entenderse, dentro de ese sistema como un rito de transición hacia la masculinidad, ya que era parte del aprendizaje de la hombría, antes de la iniciación en la batalla.

Entre otras diferencias con los griegos, los romanos no concebían la adquisición de la virtud masculina por medio de la penetración anal. Su idea de la virilidad se medía por otros parámetros: un romano penetraba sin ser penetrado. Un “glans” (cabeza de pene) palabra con que se designa un proyectil, era lanzado muchas veces con inscripciones que aludían a violación. No muy diferentes del sentido que se oye permanentemente en boca de hinchadas de fútbol en cualquier parte del mundo, donde se haga alarde de hombría, aunque ya no sean admitidas como sucedía en los espectáculos sangrientos del Coliseo, las penetraciones con las armas de los gladiadores que vencían a su oponente. A diferencia de los pequeños penes que los artistas griegos diseñaban en las estatuas como ideal de belleza (Aristóteles escribió que un pene pequeño es mejor para concebir, ya que en uno grande el semen se malogra porque se enfría), se podría afirmar que el descomunal pene erecto del poco agraciado dios Príapo, representaba mejor el talante romano.

Aun compartiendo con los griegos el gusto por los placeres de la carne, y viendo a los jóvenes como objeto de deseo, éstos eran vistos como “viri” (hombres) . Durante su experiencia de formación para convertirse en tales, se les solía colgar al cuello una reproducción de un pene erecto llamado “fascinum”, que iba en el interior de un colgante y que “protegía” al muchacho del acoso sexual. Eran tales las propiedades que se le atribuían al mismo, que los fascinum protegían de la envidia a los generales al mando de sus cuadrigas en los desfiles victoriosos. Muchos romanos usaban fascinum en su cuerpo para asegurarse éxitos en las guerras. Se dice que algunos generales promovían ascensos de soldados en función del tamaño del pene y que el emperador Cómodo elevó por el mismo atributo al rango de sacerdote a un individuo. También existe la teoría de que el Foro de Augusto, símbolo clave del Imperio y monumento a la masculinidad, fue diseñado con forma de pene. Uno de los bajorrelieves de Pompeya con la imagen de un pene y sus testículos reza: Hic hábitat felicitas (Aquí habita la felicidad). Y aún hoy se sigue usando la palabra “fascinante” para algo poderoso y subyugante.

Un gigantesco imperio que necesitaba guerreros, debía alentar la reproducción de los mismos, en una época donde la expectativa de vida promedio era de 25 años, y hallará su símbolo máximo, en el órgano reproductivo masculino. Desde esta perspectiva es fácil de comprender el horror al fantasma de la castración y como se encarnará. “Verpa” era la palabra despectiva con que se aludía a verga y a judío, quedando asociados ambos a la idea de circunciso. Veremos en la próxima parte de este artículo como el cuerpo desnudo desaparecerá de la vista y obsesionará a la mente, dando comienzo a persecuciones y matanzas, comandadas por las ideas difundidas a través de los ideólogos de la Iglesia.

Ana Teitelbaum

 

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