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Habermas propone: menos escepticismos y generemos una verdad en concenso

Habermas propone: menos escepticismos y generemos una verdad en concenso

 

 

Dir. Mauricio Zieleniec

Mientras Bauman exponía nuestra vivencia social-cultural actual, como líquida, dado que  los valores, las instituciones, las ideologías, las creencias y toda nuestra cultura se están licuando; omparándolas con aquellas bases sólidas de siglos pasados que han  enfrentado un cambio y relativismo tal, que casi no se encuentra un punto sostenible. Sumando a ello,  las innovaciónes de nuevas libertades nunca soñadas y diéndose en forma asombrosamente acelerada. La misma- cabe señalar- irrumpe simultáneamente con la tecnología y a una velocidad inalcanzable, hacia un abismo desconocido, o un cambio asombroso.

Mientras suenan los ecos de Carlos Marx  y de su  lucha de clases, tema que los filósofos de la escuela de Frankfurt, reinterpretaron dicho concepto de diversas formas. Desiquilibrándose con el pensamiento de Habermas.

Entre interpretaciones de la sociedad líquida y el materialismo dialéctico, Habermas  constata en varias ocasiones con preocupación cómo la racionalidad práctica ha sido destruida por diversos embates teóricos; a mi entender, por una teología materialista.

Si bien  la racionalización ha acompañado a la Modernidad y ha conducido a un mundo mucho más productivo, como lo evidencia la técnica; sin embargo, al mismo tiempo el proceso de racionalización es paradójico: mientras el trabajo científico-técnico desarrolla sus dominios, se repliega el ámbito de la praxis, condenándola a la “irracionalidad” de las creencias y de los valores, sobre los que actuaban prejuicios ideológicos y sobre los que, según el positivismo, no podrían realizarse enunciados con certeza. Se genera esa sociedad líquida que habla Bauman, y la razón quiebra en  la moral-praxis. Quedando todo al servicio de la tecnología y sectores dominantes (sociedad de consumo).

 

A diferencia de Marx, Habermas entiende que el cambio social debe darse en un ámbito simbólico, en el ámbito del lenguaje, de la comunicación y el entendimiento entre los sujetos. Luego de este momento inicial, Habermas repensará esta distinción entre trabajo e interacción como dos momentos irreductibles de la acción y tratará de incluir en la labor productiva (el trabajo) componentes de la interacción, por lo que dirá que es posible pensar un cambio social desde el campo del trabajo.

 “Consenso” es el centro de su pensamiento democrático, que se logra  mediante  la comunicación y el entendimiento entre los sujetos (ámbito simbólico).

En esa apreciación razón-moral-praxis, Habermas sostiene que no debemos renunciar a creer en valores generados en consenso,  puesto el dejar vacío dicho espacio, dado lo relativo de un positivismo, dejaría a la sociedad a que  sectores interesados se adueñen de la misma en su provecho y beneficio.  Es decir, frente a la imposibilidad de sostener una verdad o camino firme, inquebrantable, sin depender de la medida subjetiva del hombre, Habermans afirma que en consenso generemos esa verdad y ocupemos ese espacio. De lo contrario creencias místicas o sectores interesados ocuparán dicho espacio. Quizás nos esté dando un punto medio casi aristotélico.

Innovemos o generemos una verdad, es un camino y desafío a reflexionar.

 

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