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Ana Teitelbaum, la circuncisión de Jesús.

Ana Teitelbaum, la circuncisión de Jesús.

Podría parecer contradictorio con el hecho de que miles de prepucios o porciones de ellos, reclamando venir del santo cuerpo de Jesucristo, circulaban, como tesoros incalculables, en función de reliquias sagradas. Pero su valor como agente de redención se basaba en que estaba libre de pecado y por ello se convertía en la excepción a la regla. Cientos de pinturas (especialmente entre los siglos XIV y XVI) ostentan –al revés del resto de los mortales exhibidos en la época- el ´tesoro” del pequeño nacido sin pecado , destacado en los brazos de su madre virginal, tocados por su abuela o mirado con adoración por los Reyes Magos.

Lo interesante es que la porción del infante ostentada en estas pinturas (a veces decorada con pétalos de flores) aparece sin circuncidar, a pesar de que los Evangelios consignan tal operación. La única interpretación posible es que la “marca” de lo judío, debía ser borrada, no obstante lo cual el Golden Legend (libro popular en el Renacimiento) sostenía: “El día de la circuncisión de Jesús, cuando comenzó a derramar su sangre por nosotros (…..) fue el comienzo de nuestra redención”

De esta manera la piel que recubría el glande humano, devino inmunda siendo humana y divina procediendo del niño santo, atribuyéndosele todo tipo de milagros y cotizando su valor a precios exorbitantes. También dio lugar a todo tipo de especialistas en reconocer y distinguir la autenticidad del último vestigio humano de Dios en la Tierra. Entre las pruebas requeridas estaba la del gusto: un médico adiestrado y elegido por el sacerdote del lugar debía masticar el cuero arrugado y dictaminar si era humano o semihumano. Infinidad de visiones lo tenían de protagonista. Santa Catalina de Siena afirmaba que el anillo de compromiso con Jesús, que portaba era una forma mística del divino prepucio. Santa Agnes de Blannbekin afirmaba tragarlo al tomar la comunión. La bolsa relicario que lo transportó a la Corte del Rey Carlomagno, devino en modelo para todas las bolsas en la Europa de la Edad Media.

Naturalmente Calvino dudaba de que una porción tan ínfima de piel, diera lugar a tal invasión de porciones que se adjudicaban la misma procedencia. El mismo escepticismo acompañaba a Martín Lutero.

También pareciera contradictorio el hecho de que la Iglesia prohibiese las mutilaciones, o amputaciones del cuerpo, excepto para salvar una vida. Pero el derecho canónico toleraba las castraciones a niños, explicando que con sus voces privilegiadas para la música honrarían a Dios. Se calcula que durante el Siglo XVIII, cada año eran castrados unos 5000 infantes, con la esperanza de llegar a ser ricos y famosos. Como en el fútbol hoy, solo una minoría lo lograba. El más célebre y recordado (del cual se conservan registros) fue Carlo Broschi, inmortalizado con el nombre de Farinelli. El público que lo amaba solía gritarle “E Viva il coltello!” (¡Viva el cuchillo!)

En el transcurso del tiempo, cambiarán las ideas acerca de la parte de la anatomía en la que hemos centrado este artículo, y en consecuencia, otros argumentos y otros grupos humanos serán segregados y/o perseguidos, en tanto funcionales al sistema de gobierno de turno…

Ana Teitelbaum

 

 

 

 

 

 

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