Menu

Ana Teitelbaum, De penes y penas, segunda parte.

Ana Teitelbaum, De penes  y penas, segunda parte.

 En la Edad Media el cuerpo desnudo desaparece de la vista, pero obsesionará a la mente.

Los miles de mujeres torturadas y quemadas-especialmente entre los siglos XIV y XVII, acusadas de comercio sexual con el demonio y de atraer la desgracia a sus vecinos, tenían un común denominador, en las confesiones arrancadas con horribles tormentos: haber “conocido” el pene diabólico. Así como el orgasmo femenino torturaba la mente de los teólogos, el órgano del diablo era el protagonista máximo, en los relatos más exitosos obtenidos con la perseverancia paciente de los inquisidores. Las historias podían ser muy dispares, el pene del maligno podía ser descripto como oscuro, negro, escamoso, helado, gigantesco, bifurcado, con o sin testículos, colocado adelante o detrás del cuerpo, etc. Y todo esto se correspondía con la ideología de una época, donde el terror a lo femenino disparaba todo tipo de teorías. Las mujeres eran insaciables, podían castrar a los hombres y debían ser controladas.

Agustín de Hipona, devenido luego santo, explicaba que la inquietud masculina por su pene, era causada por la trasmisión del pecado original (la desobediencia de Adán en el Paraíso) y era un castigo divino. De forma tal que lo opuesto, la pureza absoluta-encarnada en María- lo era por su falta de contacto con la inmundicia de un órgano que encarnaba lo maligno. En su tratado “Contra los judíos” afirmaba que el rito de la circuncisión judía demostraba que el” Israel carnal” vivía en consonancia con la carne y no con el espíritu.

Un órgano bestial, amoral, salvaje, que solo era tolerado para el deber de la reproducción. En la iconografía medieval solo Adán y Eva son representados desnudos y el cuerpo ya no es un ideal de belleza como para el mundo greco-romano, sino una vergüenza. La mística Mechtild de Magdeburgo, afirmaba que al comer la fruta prohibida el cuerpo de la pareja originaria se volvió ignominioso, porque si la Santísima Trinidad nos hubiera creado tan repugnantes, no habría motivo para sentir vergüenza.

Los manuales de penitencia , surgidos en la Irlanda del Siglo VI, se expandían para la pedagogía de los confesores y es muy interesante constatar en estos, la obsesión con la “canilla del fluido diabólico” Las instrucciones de expiación inglesas establecían penas bien especificas según el pecado: 10 años de mortificación para el coitus interruptus, 15 para para el coito anal y penitencias para toda la vida para el sexo oral . En el caso de los violadores se arreglaba con exclusión de la comunión, ayunos prolongados, periodos de abstinencia y a veces azotes públicos. Para el asesinato premeditado, el asunto se arreglaba con 7 años de castigo.

Considerando que el rito de circuncisión de los judíos en la Antigüedad implicaba a partir de cortar el prepucio, chupar la sangre de la herida (costumbre denominada metitsah que a pesar de las controversias, aún hoy se mantiene en algunos grupos muy minoritarios ultra ortodoxos) no es difícil, intuir las consecuencias que para estos tendría, durante las persecuciones , caza de brujas y visiones del cetro del demonio encarnado en tal localización de la anatomía masculina.

San Jerónimo, por su parte, escribió: “Si llamas a la sinagoga judía un burdel, un antro de vicio, o el refugio del Diablo, estás diciendo menos de lo que merece” En siglos posteriores muchos grabados mostrarían judíos cabalgando sobre machos cabríos que representaban a Satanás en los aquelarres. En el siglo XII el pene judío era identificado con sus poderes maléficos.

El abate Guibert de Nogent escribió en sus memorias que un monje le había revelado haber pedido a un médico judío que le enseñara sus secretos de magia negra y le presentara al Diablo. El judío le dijo que previamente debía hacer un sacrificio. Una libación de tu esperma y luego de haberlo derramado delante de mí, lo probarás, le dijo.

Otra creencia absolutamente difundida era la de que los judíos asesinaban a niños cristianos y luego de circuncidarlos, usaban su sangre para festejar la Pascua. Se pueden oír hasta hoy las historias del martirio de San Simón de Trento. Hartmann Schedel publicó en 1493 Nuremberg Chronicles donde detalla el suplicio del niño de dos años supuestamente secuestrado en 1475 y aparecido cerca de la casa de un judío, muerto, sin sangre y circuncidado. El libro muestra un grabado que ilustra una escena macabra: la víctima está sobre una mesa parado, sujeto de todas las extremidades por judíos barbudos y sonrientes. Tiene la garganta cortada y sangrante, con agujas clavadas. Un judío arrodillado le tira de su pene con un cuchillo en una mano, mientras éste chorrea sangre en un recipiente puesto debajo, y es observado por otro aprobadoramente. Los rostros desagradables de los torturadores se parecen mucho al estereotipo clásico de las caricaturas de judíos, que hasta hoy se pueden ver.

En el siglo XVI el jesuita Gottfield Henschen escribió en su Acta Santorum (Hechos de los santos) que los judíos cometían asesinatos rituales de cristianos, puesto que como estos varones menstruaban a través de su pene, necesitaban beber sangre de crisitianos para calmar sus cólicos menstruales.

Otra creencia que provocaba terror era la sífilis “propagada por el pene judío” No hay que ser muy imaginativo para deducir que el origen de la misma se fundamentaba en la práctica del contacto bucogenital en el rito de bautismo. Muchos grandes escritores alimentaban los mitos, del que luego se servirían los poderes de distintas épocas para estigmatizar y perseguir, en este caso a los judíos. Montaigne-hijo de madre judía –educado como católico, describiendo la circuncisión (que provocada asco y espanto entre los cristianos) Thomás Mann, en José y sus hermanos, presentará el bautismo judío como un pacto con Dios que afeminaba a los hombres. En otra obra (La sangre de los Walsungs) presentará a un judío que con su hipervirilidad seducirá a su propia hermana, ennoviada con un alemán.

 

Enviar comentario sobre la nota al Director...

Su Nombre: *


Su Email: *


Asunto: *


Sus Comentarios:


volver arriba