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Adriana Rostovsky artista de nuestra cole

Adriana Rostovsky artista de nuestra cole
Adriana Rostovsky
 
 
Aquel día de lluvia a mitad de cuadra, me encuentro con algo abandonado que llama mi atención, la
observo con curiosidad y decido cargarla hasta mi taller. La limpie y la guarde en una esquina, sabia
que tarde o temprano la necesitaría. Cada tanto la sacaba de su rincón la contemplaba algunos
instantes pero volvía a su lugar. No era su momento aun. Año mas tarde, esa estructura de madera de
casi mi estatura, llena de huecos y algo frágil salió de su lugar pero no volvió mas a su rincón. El
momento había llegado, y el encuentro se estaba por producir…. Innumerable cantidad de revistas que
hasta ese día habían estado mudamente contemplando el espacio, comenzaron a hablar sin palabras
desde el lado opuesto a donde se encontraba el esqueleto que hoy yacía desnudo colgando de la
pared “ norte” del taller.
Una leve llovizna se coló por la ausente ventana y un suave viento se permeo por debajo de la puerta.
Al unísono perdieron la calma compaginándose en una intensa ráfaga que ataco las revistas. El
contenido de las mismas comenzó a deshojarse golpeándose contra las paredes del recinto, cayendo
con fuerza desgarradora como balines de granizo al suelo. Arrugados, fríos y cansados se acumulaban
sin pausa. La habitación se inundo, ya ni mis pies lograba ver. En un breve lapso de tiempo la
ambigüedad que yo misma había generado era tal que no sabia si se trataba de un juego o de una
pesadilla. Tampoco entendía la imposibilidad de frenar ese ciclo: arrancar, arrugar y lanzar con fuerza
al piso. La ansiedad aumentaba desesperadamente. En vano insistía en poner orden a pesar de la
gran turbulencia que controlaba el momento. Decidí acompañar la corriente, no era posible detenerse y
mucho menos hacerse a un lado. Sumida en la revolución y escuchando la música de mi confusión, me
ataco un relámpago de lucidez y vi diferente. El ciclo se quebró. Con miedo pero con ímpetu percibí que
ese mar embravecido contaba con potencial suficiente para poder tomar una nueva forma única y
propia. La combinación de la disminución de la duda y el aumento de la determinación, mas un alto
componente de aceptación de un pasado turbulento caducado y un posible futuro de diferente
luminosidad era lo que daría cohesión a esa pieza que con fuerza deseaba que tuviera forma tangible.
Desconocía la forma final del cuadro, no me preocupaba, una vos bajita anunciaba que ese era el
sendero a recorrer a pesar del dolor que podría causar. Solo debía una vez mas, “ continuar “ y
respetar la naturaleza de las partes para acceder al todo del conjunto sin perder la individualidad de los
componentes del futuro tesoro, donde yo estaba incluida.
Levante la vista y la respuesta estaba allí, el vacío que portaba la estructura y el lleno que buscaba
donde ubicarse confundidos el uno con el otro, se encontraban en el mismo recinto. Era cuestión de
comenzar a bailar en el espacio remanente entre ambos. De a poco la situación comenzaba a cobrar
vida, como si cada fragmento supiera donde ir y como debía actuar. Una vez determinado el sentido, la
dirección apareció sola. Entendí que no valía la pena luchar con una organización rigurosa. Menos aun
intentar llenar todos los huecos existentes ni asustarme por la presencia de los mismos, cuando esos
eran los que permitían que la estructura pudiera respirar.
Un día al entrar al taller, note que no solo no quedaban mas papeles en el suelo sino que se me
habían acabado las palabras, no quedaba mas por decir. La obra estaba completa y yo estaba en
paz, todo estaba donde tenia que estar, no faltaba ni sobraba nada. La revolución interna habían
concluido dando paso a una nueva presencia que portaba su adecuada vestimenta para poder existir
en la vida, nuevamente.
Aquella tarde soleada, cuando se vendió el cuadro, le pregunté al cliente si quería saber al historia que
lo genero. Y me respondió: “esa historia es tuya, yo me enamore de lo que el cuadro evoca hoy en mi y
por eso se lo regalare a mi esposa para festejar nuestros 50 años de casados”
Por la magia de los ciclos, el hechizo de los cierres y la inercia de los comienzos.
Sabiendo que en cierto modo todos somos artistas de cada uno de nuestros días me gustaría extender
una invitación a pensar : “que” del año que esta por culminar desearíamos llevarnos para el 5776 para
explorar la posibilidad de aprender a ver la belleza en el potencial de las transformaciones.
 
 
Entender, 27.36
(Papel de revistas de vestidos de novia y pintura al aceite sobre estructura de madera 150 x 89 x 38 cm. 2012-
2013)
Intenta hacer alusión al periodo único e irrepetible, que vive una mujer desde el inicio de la construcción
de una vida en pareja, la llegada de los hijos hasta el quiebre de la institución como familia.
Periodo donde toma forma una danza compleja de ilusiones emergentes como flores de primavera
conjuntamente con sueños que van quedando por el camino como hojas que se vuelan con los vientos
fuertes de la llegada del otoño.
Hace alusión a las diferentes capas invisibles que se van generando durante la construcción de una
relación. A ese periodo hojaldre donde no paran de tejerse día a día las fibras imperceptibles a los ojos
que envuelven, abrigan y enredan.
Así como las diferentes capas que dan forma y estructura a un vestido de novia, diferentes emociones
y sentimientos se van apilando con el paso del tiempo en una relación.
Y como siempre después de la tormenta llega la calma, es aquí donde toman forma física, emociones
que nunca podré poner en palabras.

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