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El límite de la red, ADICCIÓN?

El límite de la red, ADICCIÓN?

 

 

Dulce adicción.


¿Fulanito no está en Facebook?” – nos sorprendemos al buscar a cierta persona y no hallar rastros suyos en la red social del momento.

DE ANNA DONER


En mi caso personal, tengo celular por necesidad. Pero lo uso muy poco. Nunca me adapté ni me voy a adaptar a hablar por “SMS”. Antes de eso prefiero llamar. Me resulta inconcebible coordinar algo por sms. O interesarme por la salud de alguien por sms.


Sin embargo cuando voy caminando por la calle, o en el ómnibus la mayoría de las personas o está hablando por celular, o está conectada a Internet por el celular, o está con los sms. No miran por la ventana. No ven el cielo. Están ajenos al mundo. 


No podemos negar que todos tenemos nuestro costado de cholulismo. Sobre todo cuando llegó Facebook a estas tierras, y al instante podíamos ver la foto de aquel que nos gustaba en el liceo y llevarnos la enorme decepción de que aquel morocho seductor ahora era un peladito y barrigón, tantos años que deseábamos cruzarnos con el susodicho en algún punto de la ciudad… 


Buscábamos fotos. Eso hacíamos al principio. –¿A ver cómo está Fulanita de Tal? – Teníamos una ansiedad de saber de todos aquellos a quienes habíamos dejado de ver desde las épocas de la escuela, liceo o facultad. Queríamos saber su estado civil, si tenían hijos, si vivían en el país o en el exterior. Nos sentíamos adolescentes otra vez con la novedad. 

Era ingresar un nombre, y ahí estaba: Fotos, estado civil, y podíamos verlo todo. Si nos “hacíamos amigos” entrábamos en el MUNDO de esa persona. Sabíamos cómo se sentía a las 8 de la mañana, a las 12 del mediodía y así sucesivamente. 

Más adictivo, imposible. 

 

Cuidado.

A medida que Facebook se instalaba en la sociedad, iban surgiendo diversos grupos, páginas, imágenes con cartelitos, videos y una vorágine infernal de información de todo tipo. 


A medida que el servicio era consumido, se creaban más “chiches” para que la gente se enganchara. 


Pero… ¿y nuestra intimidad? ¿y nuestra privacidad? 

Cualquiera que ingrese un nombre, ya sabe en qué país vive la persona. Su dirección. Su celular. Su cara. 


Y estos detalles no son menores. 


Un millón de amigos.


Muchos son los que se regocijan por tener muchos amigos. Pero ojo. Un amigo es un amigo de carne y hueso. Un amigo de Facebook es un contacto. En todo caso ese contacto podrá devenir en un amigo. O no. 


Así, las personas sin saber con quién dialogan “al otro lado de la línea” están compartiendo información y lo cierto es que no saben quién es el receptor. 

Hay que andarse con cuidado por estas latitudes de las redes sociales. 


Confieso que me sorprende constatar que son muchos los que pernoctan dentro de las redes, chateando con sus “amigos”, y (sin darse cuenta) cayendo en un fenómeno tan adictivo como peligroso. 


Una vez que algo se postea en los muros de Facebook está accesible para todos. Y para todos significa PARA TODOS

Por más que se configuren las seguridades, quiénes son los que pueden ver, con un poco de ingenio, todo está accesible para todos. 


Así, algo que parece casi un juego, o un modo de “escapar del mundo y sus problemas”, presentado así tan inocente es un arma mortal. 


Así posteo, así soy.


Cada vez más, las empresas de selección de personal, en cuanto les llega un currículum van a… Facebook. Porque uno es en la vida real como es en Facebook. Esto debería de ser tomado como axioma. 


Si todos los días uno escribe qué está haciendo, adjunta una foto, etiqueta a un millón de personas en “Postales” del estilo de un dibujito de un macaquito, un corazón, una frase, esto… y, para una quinceañera es normal, pero no para una persona madura. (Es un ejemplo). 

Si todos los días una persona pone un millón de fotos de si, es muy fácil arribar a la conclusión de que tiene la autoestima baja y por eso lo sustituye con todos los “likes” que esas fotografías vayan a tener. 

Fotos, comentarios acerca de sus actividades, frases… todo muestra quienes somos. Todo. 


Incluso también se “lee entre líneas”. Así el hipócrita y vanidoso queda tan retratado como el que tiene un perfil bajo. Porque existen ciertas conductas en las redes que son modelos de comportamiento en la vida real. 


No todas son pálidas.

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