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Rincón Literario agosto

Rincón Literario                     agosto

La fiesta

Autor: Iche Marx

 COORDINADOR DE NUESTRO RINCÓN CR.ISAAC MARKUS    

 

Instalada en un recodo de la escalera de mármol que conducía al salón de fiestas, una joven digitó nuestros nombres en la computadora para indicarnos la mesa a la que habíamos sido asignados. La máquina no emitió  un texto que alabara nuestras virtudes, como hizo con los invitados que nos precedieron. Era notorio que se trataba de una omisión voluntaria que permitía a los anfitriones mostrar su desprecio hacia los invitados que no integraban su círculo íntimo de aduladores.

Era la época de la plata dulce. Los nuevos ricos accedían al dinero con facilidad y se sentían aristócratas con derecho a construir una corte en su derredor. Quienes quedaban al margen de este mundo, por no acreditar el dinero suficiente o por no desear someterse a sus reglas, se convertían en  parias sociales, incluso dentro del propio seno familiar. 

Ya ubicados en la mesa asignada, comenzamos a escuchar por los parlantes los agradecimientos que los anfitriones dirigían a sus invitados más selectos, quienes debían trasladarse al centro del salón y prender la vela dispuesta a esos efectos.

“Que pasen Jorge y Mona, cuya encantadora amistad nos acompañó en los momentos difíciles”. De inmediato, una pareja de gordos con expresión auto-gratificada, se encamina al centro del salón a cumplir su misión, mientras yo me dedico a vaciar mi primer vaso de whisky.

“Ahora le toca el turno a Pedro y Rosita, esos seres maravillosos cuya fina sensibilidad nos abrió nuevos horizontes”. Estos otros tipos se trasladan al escenario haciendo lo indecible para que los pasos de baile con los que pretenden adornan su ingreso opaquen a los de la pareja anterior.

Y así continúan los agradecimientos, los bailes truchos, y los encendidos de velas, mientras yo voy agotando un vaso de whisky tras otro. Luego siguieron los consabidos valses de Strauss, y un popurrí de cumbias que fue aprovechado por los insignes invitados para dar rienda suelta a sus instintos más primitivos. Con el frenético revoleo de sus traseros intentaban mostrar al mundo que eran portadores de dosis de humanismo que les permitían apearse de su condición social para congraciarse con los bailes de las clases bajas.

Mientras esto acontecía, nuestros ocasionales compañeros de mesa nos  exhibían todo el tiempo su cara de olfatear excremento. Hastiado de esta situación, comencé a hablar de filosofía, literatura, y de cuanta cosa la gente de buena posición económica suele no entender nada. Ante la amarga comprobación de que su riqueza no alcanzaba para acreditar cultura, los tipos apelaban desesperadamente a sus neuronas, pero no lograban ocultar su sufrimiento. Yo estaba disfrutando como loco, y esto hizo que le dirigiera una mirada agradecida a mi vaso de whisky.

De pronto, la orquesta empezó a tocar rock and roll, algo que consideré una buena oportunidad para tomar del brazo a mi mujer y dirigirme a la pista a sacarle partido a las enseñanzas que un enano viejo y arrugado nos había impartido una vez. Les mostraría a estos estirados hijos de la madre lo que era tener un dominio del rock al que ellos jamás accederían por carecer del pensamiento crítico que subyace en esta música.

Mientras duró el rock, el tiempo pasaba desapercibido, pero la orquesta terminó su actuación y debimos regresar a la mesa. Otra vez nos encontramos cara a cara con nuestros compañeros de mesa, pero ahora con el agravante de que ya se había agotado la diversión provocada por mis escarceos intelectuales. Comenzó entonces a desplegarse la paleta triste del whisky, y recordé el desprecio de los anfitriones al ingresar al salón, su alharaca pequeño-burguesa, y su tonto sentido de importancia basado en el dios dinero. Apenas demoramos unos breves instantes en cruzarnos con mi mujer una mirada que conocíamos muy bien, y en una demostración inequívoca, aunque también gozosa, de nuestra ignorancia de reglas de sociabilidad básica, nos levantamos y nos fuimos de la fiesta, sin despedirnos de nadie.

 COORDINADOR DE NUESTRO RINCÓN CR.ISAAC MARKUS    

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