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La vida y la muerte del Che, vista por su hermano

La vida y la muerte del Che, vista por su hermano

 El Che con su familia de joven

 

MONTEVIDEO (Sputnik) — El 14 de junio de 1928 nacía en la ciudad de Rosario, Argentina, Ernesto Guevara de la Serna, más conocido como el 'Che'. Sputnik conversó en exclusiva con su hermano menor, Juan Martín, sobre la persona y el mito que se creó tras la Revolución cubana, en 1959.

 

Juan Martín Guevara está acostumbrado a ser conocido como el hermano del emblemático "Che", uno de los comandantes de la Revolución cubana. Lleva 15 años de diferencia con el primogénito de la familia y publicó el libro 'Mi hermano, el Che', "para humanizarlo".

En entrevista al programa Telescopio, de Sputnik, Juan Martín revivió algunos recuerdos de su infancia y juventud relacionadas con el Che, asesinado en Bolivia a los 39 años, cuando intentaba llevar la Revolución al país andino. Este 14 de junio, cumpliría 89 años.

 

Juan Martín Guevara sostiene su libro "Mi hermano, el Che"- Foto: Juan Martín Guevara

Al día de hoy, el benjamín de los Guevara de la Serna se emociona rememorando el "eterno abrazo" de su madre con el revolucionario al bajarse del avión en La Habana, el 6 de enero de 1959. El encuentro fue registrado en una filmación que solo pudo ver por primera vez recientemente.

 

De izquierda a derecha: Celia Guevara, la madre del Che. Juan Martín Guevara (hermano). Ernesto Guevara. Roberto Guevara (hermano). Julio César Castro, periodista y Carlos Figueroa, amigo de la familia, en Punta del Este - Foto: Juan Martín Guevara.

¿Quién fue Ernesto Guevara, y quien fue el Che?

Yo no puedo contarte mucho quién fue el Che, puedo contar quién fue Ernesto. Ernesto es mi hermano de sangre y el Che es mi compañero de ideas. Nosotros en la familia nunca tuvimos ningún inconveniente con su manera de pensar o de ser. Es muy difícil entender el hecho de que uno tenga un hermano común, como cualquiera, que de repente se convierte en todo lo que es el Che. Es complicado explicarlo, porque sigue siendo mi hermano. Me llevaba 15 años, así que yo era para él un niño muy pequeño. No era ese tipo de gente que te estuviera encima, de esos hermanos mayores cargosos. Al contrario, era un tipo que siempre estaba buscando la vuelta para divertirse y para divertirte.

¿Cuándo lo viste por última vez?

Yo estuve con él ya como el Che en enero de 1959, con 15 años. Estuvimos tres meses en La Habana. No todo el tiempo que teníamos ganas, porque eran los primeros días de la Revolución y estaba ocupado con la nueva etapa, pero pudimos hablar y estar con él mi madre, mi padre, una hermana y un cuñado. Después lo volvimos a ver en Montevideo en 1961, yo tenía 18 años. Allí también estaba ocupado, pero las conversaciones fueron mucho más intensas o con otros temas distintos a la época que fuimos a Cuba. Esta fue la última vez que lo vi, pero mi madre viajó varias veces a La Habana. El nexo de comunicación con él era ella porque yo vivía con mi madre.

En tu libro 'Mi hermano, el Che', cuentas que viajaron a La Habana el 6 de enero de 1959, en pleno festejo de la Revolución, y que Fidel los mandó buscar porque todos celebraban con sus familias menos el Che.

En realidad, la historia de cómo se dio ese viaje es que en Cuba la dictadura de [Fulgencio] Batista había sido sumamente sangrienta, violenta, entonces había una gran cantidad de exiliados. Inmediatamente después del triunfo de la Revolución, Fidel decide enviar un avión especial para recoger de Sudamérica a los exiliados de la organización 26 de Julio. Camilo Cienfuegos, que fue el encargado de organizar ese vuelo, decidió que fuéramos nosotros. Nos contó que al principio no le había dicho a Ernesto que íbamos a ir en ese avión, porque suponía que él se iba a negar, ya que era para los exiliados y no para su familia. Entonces le avisó cuando ya estábamos por llegar.

Yo he visto fotos de nuestra llegada y del abrazo de mi vieja con él, pero el otro día vi una película con una filmación que habían rescatado en Cuba de cuando estábamos bajando del avión y de ese abrazo. Yo tengo el recuerdo de que el abrazo fue eterno, en la filmación se ve lo largo que fue. Hoy, mirando el vídeo, me da la misma emoción de verlos abrazándose después de años y de tantas veces que lo dieron por muerto y de las cosas que salían en los diarios.

?Muchas veces se destaca la ética de la figura de Che Guevara...

Es una característica que yo siempre cuento y es la cuestión de mi libro, que tiene como objetivo humanizar esta figura. Se ha hecho una especie de mito, que muchas veces no tiene contenido, y la mejor manera de dárselo es humanizarlo: es decir que pertenecía a una familia, tenía padre, madre, hermanos. Su rigor viene mucho más de mi vieja que de mi viejo, pero los dos tenían carácter muy fuerte.

¿Cómo se enteró la familia de la muerte del Che?

En ese momento yo trabajaba en un reparto de productos lácteos y salíamos muy temprano en la mañana. No recuerdo exactamente el día, creo que el 10 de octubre, apareció la foto y la noticia de que había muerto en combate. Por supuesto sabíamos que lo habían asesinado. En cuanto vi la foto, dudé si era real, porque muchas veces habíamos tenido noticias de que había muerto que resultaban ser falsas. Ese día nos reunimos a la tarde con la familia y algunos pensaban que la foto era trucada. Realmente, cuando vi la foto a mí me impactó e inmediatamente pensé que era real.

 

Portada del diario Clarín, del 10 de octubre de 1967, anunciando la muerte de Ernesto "Che" Guevara

A los dos días viajó mi hermano Roberto para Valle Grande, en un avión que mandó una revista argentina, con un par de periodistas para entrevistar a los militares. Roberto fue para que le entregaran el cuerpo, verlo y certificar que fuera efectivamente él. Cuando llegó allá, le dijeron que no había cuerpo. Lo llevaban de un lado para otro. Después tuvo que ir a La Paz, donde se entrevistó con [el militar boliviano Alfredo] Ovando. Le dijeron que volviera a Valle Grande y que no había cuerpo porque lo habían incinerado y lo habían quemado. Finalmente regresó a Buenos Aires sin poder certificar la muerte, pero desde La Habana se comunicaron con nosotros porque ellos habían llegado a la conclusión de que efectivamente [el de la foto] era Ernesto, era el Che.

Treinta años después se recuperan esos restos y se le hace un homenaje en Santa Clara, donde se encuentra su mausoleo.

Sí, estuvimos ahí, en 1997. Después estuve una vez más ahí, porque en realidad a mí el culto a los muertos no es lo que más me atrae. Es un lugar que realmente te sobrecoge, con una llama votiva, un silencio, están todos los nichos, no solamente de él sino de los compañeros que fueron asesinados al mismo tiempo en La Higuera, en Bolivia. Es como entrar a un lugar muy sagrado. Estuvimos ahí durante todo el acto en el que habló Fidel.

Solo fuiste a La Higuera 47 años después de la muerte del Che. ¿Cómo fue esa decisión?

Fui dos veces. La primera, no pude llegar a la Quebrada del Yuro, donde [el Che] fue herido y lo tomaron prisionero. Iba con gente que estaba apurada y no iba a bajar. El año siguiente sí bajé hasta la quebrada, por un sendero de cabras muy empinado, por la montaña, y llegué hasta el sitio mismo donde lo capturaron. Está señalado. Allí me encontré además con el hijo de 'Inti' Peredo, uno de los compañeros que había estado ahí con él.

¿Qué sientes frente a la mercantilización de la figura de tu hermano?

Cuando mi hermano Roberto estuvo en Bolivia para reconocer el cuerpo, que no estaba, era evidente que el objetivo era que el Che no sobreviviera de ninguna manera. No solo físicamente, sino que no quedara ni siquiera un lugar donde ir a venerarlo, ni su imagen o su pensamiento. No lo lograron, porque la figura del Che significa mucho más que todo lo que ellos intentaron ocultar. El mismo pueblo, la misma gente, la misma sociedad, los mismos jóvenes lo hacen resurgir.

El hecho de que se banalice la figura, de que se comercialice, es un objetivo claro para que no sea referente de los jóvenes. Es parte del capitalismo: no solamente se comercializa el Che. Todo lo que puede dar un dinero, hay alguien que lo utiliza para tener ganancias. Entonces se juntan las dos cosas: el objetivo de banalizarlo y el objetivo de que no sea referente para que la gente no se ocupe de ver qué pensaba, de leer sus escritos. Que quede una figura ahí arriba una figura trillada por el negocio.

La pregunta es por qué sigue existiendo esta imagen, [la mítica fotografía tomada por Alberto Korda en 1960]. Es una de las imágenes más conocidas del mundo, quizás tan conocida como la de Cristo. La respuesta para mí es que los jóvenes son los que hacen que el Che renazca.

Juan Martín, tú estuviste preso durante la dictadura militar en Argentina casi nueve años. ¿Qué tanto influyó Ernesto en tu militancia política?

Una gran cantidad de jóvenes de nuestra generación nos vimos muy impactados por la Revolución Cubana y ahí comenzamos una militancia diferente, con un criterio objetivo de cambiar las cosas de fondo, de verdad. Ser hermano también me influyó, porque en el momento en que él dejó de ser Ernesto Guevara para ser el Che yo también dejé de ser Juan Martín Guevara para ser el hermano del Che, en la medida en que se fue convirtiendo cada vez más en una figura importante y ya casi épica y mítica. En la cárcel no, ahí lo que influyó fue mi militancia. Allí las cosas eran muy parejas para todos, no había una diferencia por ser el hermano de alguien, estuvieras peor o mejor.

¿Qué luchas piensas que el Che abrazaría hoy?

Siempre pienso que estaría en el lugar donde los pueblos necesitan a la gente para luchar por la libertad, la independencia y en última instancia por el socialismo. Pero para mí es imposible en qué lugar exactamente estaría la cabeza de él hoy. Porque, además, el mundo actual ha cambiado, aunque la situación de fondo sigue siendo la misma: la desigualdad, la pobreza, la discriminación, la violencia, la acumulación de riqueza en pocas manos. Las cosas porque las que él peleó siguen aún presentes pero no con los mismos actores o de la misma manera.

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