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La poligamia, una práctica que divide a los beduinos en el desierto de Israel

La poligamia, una práctica que divide a los beduinos en el desierto de Israel
 Selec Nurit Mileris
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"Luchar contra la poligamia es luchar contras las reglas de Dios y contra nosotros", advierte la beduina Amal Abu Al Thoum con el convencimiento propio de una ferviente creyente. "El Islam no ordena al hombre tomar varias mujeres pero le permite hacerlo tratándolas de forma igualitaria", explica en el centro social Nisa Badawiyat que dirige en una pequeña localidad en el desierto del Néguev, en el sur de Israel.

Parte de la comunidad beduina practica aún la poligamia como fruto de la tradición y del derecho que emana de la Sharia. El permiso de la Ley Islámica a tener hasta cuatro mujeres se impone a la prohibición de la legislación israelí en unas tierras semiabandonadas.

"Hasta hace unos meses, las autoridades no hicieron nada para que se cumpla la ley", lamenta Ansaf Abu Shareb al frente de una ONG árabe israelí contra la poligamia. Esta abogada espera que su camino acabe imponiéndose al que defiende Al Thoum. Dos mujeres, dos formas de vida y un abismo desértico por medio.

Si es ilegal, ¿cómo es posible que el 30% de las familias beduinas sean polígamas? "El primer casamiento está registrado con un certificado oficial israelí mientras las esposas siguientes sólo tienen la notificación del tribunal de la Sharia", contesta Abu Shareb que desearía la asistencia de los diputados árabes en Jerusalén, más volcados en la causa palestina. Dos de ellos, Taleb Abu Arar y Yousef Atauna, no apoyan su lucha por una sencilla razón: son bígamos. 

 

 

"El liderazgo de nuestra comunidad aquí, que se centra en denunciar la confiscación de tierras, no nos ayuda. Nuestra tarea no es fácil porque muchas mujeres no tienen el coraje o la posibilidad de denunciar la poligamia. Son el lado más débil", indica. 

Una de las víctimas pide no ser fotografiada ni publicar su nombre. Tapada de pies a la cabeza, revela que de joven fue obligada a casarse con su primo con el que tuvo dos hijos. Cuando empezó a pegarla, acudió a su padre pero éste la acusó de mentir. La familia avisó que si le denunciaba, la pegaría más. En el Hospital Soroka de Beer Sheva, las señales de violencia en su cuerpo dispararon las alarmas siendo enviada a un refugio para víctimas de violencia doméstica. Al salir, vivió cinco años con una familia judía en el norte de Israel. Conoció a otro beduino con el que se casó e hizo padre de cinco hijos. Al parecer, insuficiente para él, ya que decidió añadir una joven de 18 años. "Me fui por dignidad ya que no quería estar con él y otra mujer. Nos separamos pero si ahora necesito algo viene enseguida", señala.

Nacida en el Sinaí, Solum (40) vive en Israel desde hace 19 años. Su felicidad duró el tiempo que tardó su marido en tomar otras dos señoras. Tampoco debió ser una sorpresa ya que antes de conocerla tuvo cuatro. "Para los beduinos, tener muchos hijos es sagrado y eso desgraciadamente perjudica a su educación", cuenta a EL MUNDO con una tristeza que traspasa su Niqab.

"El 80% de las beduinas no tiene empleo y eso facilita la poligamia", apunta Atieh Al Asam, el portavoz de los 46 enclaves beduinos no reconocidos por el Estado. En uno de éstos, perdido en el desierto, expone tres motivaciones por las que una mujer acepta no ser la única: "Mejorar la situación económica, independizarse de sus padres y tener un hijo para que la cuide cuando sea mayor".

"En Occidente tienen amantes a escondidas"

Sentado en una tienda que recuerda el ADN nómada y tribal beduino, Al Asam exige al gobierno más empleo y educación en un sector que representa el 4% de la población. Reconoce que no eliminaría la poligamia pero la reduciría. Según él, "en la sociedad occidental, los hombres tienen una esposa legal y amantes a escondidas. Aquí la relación extramatrimonial está prohibida por lo que estar con otras mujeres, tras su consentimiento, está reconocido por la Sharia".

"Mi abuelo tenía tres esposas. Mi padre, dos. Yo, una. No me gustaría que ninguna de mis tres hijas se casara con hombres que tienen otras mujeres", confiesa Al Asam.

Cerca de la tienda, Ahmed habla por teléfono mientras una gallina pasea aburrida. A diferencia de su hermano mayor, solo tiene una mujer, una palestina de Cisjordania. "Muchas veces, la poligamia no es forzada", aclara este beduino que no se pierde en el desierto un partido del Madrid.

La ministra de Justicia, Ayelet Shaked, lidera un plan judicial y educativo para erradicar el fenómeno. Abu Shareb lo aplaude mientras Al Asam denuncia que "no lo hace porque le importemos sino porque quiere frenar el crecimiento demográfico beduino".

"Lo que nos amenaza no es la poligamia sino acciones del Estado como demoliciones, discriminación y arrestos en manifestaciones", protesta Al Thoum. Su padre tuvo cuatro mujeres. De ahí que esta práctica ancestral fuera su hábitat natural."No hubo violencia ni imposición. Nunca sufrimos. Un segundo matrimonio busca preservar la tradición y estabilidad del pueblo beduino. El profeta Mahoma tenía varias mujeres", comenta. ¿Y sus derechos? " En nuestra religión, la mujer es muy respetada. El Islam protege sus derechos", contesta.

El reciente procesamiento de un beduino bígamo del Néguev es un precedente que puede disuadir. Sobre todo si es condenado a la pena máxima del delito, cinco años de cárcel. La comparación de Abu Sharev es desoladora: "Ven la mujer como un coche. Al principio, se ilusionan porque es nuevo pero cuando pasa el tiempo y necesita ir al taller, buscan otro coche".

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