Menu

Rincón literario.

Rincón literario.

 

Amigas Queridas.

por Silvia Bechler

    COORDINADOR DE NUESTRO RINCÓN CR.ISAAC MARKUS

     Es sorprendente como cambió mi vida desde que me casé con Rudy.  Todavía me pregunto cómo la suerte tocó a mi puerta con tanta generosidad.  Soy afortunada. Desde que nos casamos, tengo un montón de amigas.  Digo esto, porque fui una niña solitaria y una adolescente triste, además de fea.  Creo que por eso, me costaba tanto hacer amigas.  ¡Ni que hablar  de algún contacto con un muchacho!. Mi obesidad amedrentaba.  Ni siquiera conseguía  despertar una simpatía.  Mi timidez y asimetrías corporales me hacían esconderme del mundo entero.  Detrás de mis lentes con aumento de vidrio de botella, se ocultaban unos ojos pequeños y de color imperceptible. Cuando mi tía Amparo murió, heredé la casa de campo y me enclaustré allá por varios años. 

     El destino quiso que en un viaje a la ciudad conociera a este hombre que transformó mi  vida y me hizo conocer la tremenda importancia que tiene la amistad.   Segura de ser una solterona virgen hasta la muerte,  Rudy,  a mis treinta y ocho años, supo ver algo especial en mi y siempre le estaré agradecida por haberme convertido en mujer y enriquecerme con tanta amistad.  Amo a ese hombre.    

     A Mirta la encontré un día debajo de la cama.  Muerta de calor y con apenas un short y una blusa liviana. Había llegado a casa un rato antes que yo, para tomar las medidas de los muebles y comprobar que entraran en el dormitorio de la que sería nuestra nueva casa.  Nos  estábamos por mudar y ella nos ayudaría también con la decoración.  Fue mi primer amiga y es inolvidable la colaboración que nos brindó cuando nos instalamos en el nuevo hogar, donde también  ubicamos el consultorio de Rudy.  

     Ah...pobre Rita.  Me topé con ella en el jardín lateral de casa, uno de esos días que salí antes del trabajo.  Estaba agitada y con la respiración entrecortada.  Pleno invierno y ella apenas en ropa interior.  Unos muchachones la asaltaron en la esquina de casa justo cuando venía a tomar un café conmigo, a contarme que la habían  despedido de su empleo. Por supuesto que la consolé. Le ofrecí darse una ducha caliente y que se quedara a cenar con nosotros. Le presté un buzo, un pantalón mío que aunque le quedaba holgado, le sirvieron para volver un poco más tranquila a su casa y le di algo de dinero.   Me gané su amistad para siempre.

     A Estela no sé bien lo que le pasó.  Fue cuando vino a sacarse una muela con Rudy.  Parece que tuvo un  desmayo provocado por la anestesia.   Y  justo cuando él estaba en el baño.  La encontré petrificada en  el  sillón de dentista.  Menos mal que salió del baño rápido y vino en su auxilio.  Entre los dos, la ayudamos a recuperar el sentido.  Le di alcohol para oler y enseguida le preparé un té de menta.  Desde ese día,  algunas veces nos visita aunque no tenga que sacarse más muelas.

     Marlene es otra de mis grandes amigas.  Vive en la casa pegada a la nuestra.  Es una gran retratista. ¡Que talento!  Una artista de primer nivel.  Ahora está  haciendo el retrato al natural del rostro de Rudy.  El  va a su casa porque ahí tiene su taller de dibujo y pintura.  Es una tarea que lleva horas y horas.  Sólo una pintora de tal magnitud puede lograr copiar idénticamente la expresión de los ojos,  los surcos,  el espesor de las cejas,  los labios carnosos de mi amado marido…Muestra de su amistad es que un día me ofreció retratarme a mí.  

  Cuando una  es tan feliz, se siente como una mujer nueva. Dieta tras dieta con tengo un cuerpo nada despreciable, pero igualmente me sigo viendo fea.  No quiero un retrato mío.  Cuando esté pronto el de Rudy, lo voy a colgar en la pared de la cabecera de nuestra cama. Para acariciarlo con la mirada todo el tiempo. 

   Pobre, trabaja demasiadas horas y siempre está cansado.  Ni se queja de que mis amigas vengan tan a menudo a visitarme.  Cuando lo busco entre las sábanas se queda dormido.  Está  exhausto.  Lo entiendo, se preocupa demasiado por nuestro futuro. Lo más importante es  que gracias a él,  ya no soy una persona solitaria.  Y aunque haga casi seis meses, que no tenemos sexo,  ¿qué importa?  Se duerme todas las noches a mi lado y como se dice habitualmente: ¿no sólo de sexo vive el hombre, no? 

 

                                                                                               

                                                                                                    

 

Enviar comentario sobre la nota al Director...

Su Nombre: *


Su Email: *


Asunto: *


Sus Comentarios:


volver arriba