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La culpa es de Puglia

La culpa es de Puglia

Correo de Lector. 

LA CULPA ES DE PUGLIA
Juan Caceres

Llegué de trabajar derecho a la cocina. Antes cedía a la debilidad de levantar el teléfono y pedir algo para cenar, pero hoy, entre el aumento de las tarifas de Antel y esos delivery que aún no han hecho los cursos que les impone el gobierno, no me animé - por seguridad - y preferí aventurarme a hacer unos “Huevos wall con chutney de jitomate “ que vi en Masterchef ( que , entre nosotros, son dos huevos duros con un tomate cortado en cubitos.)

Al menos para mí no debe de haber cosa más aburrida que cocinar - si así se le puede llamar a mi proyecto - sin ruido de fondo. Si hubiera estado preparando una carne con hierbas en reducción de Tannat , habría puesto la novena sinfonía de Beethoven, pero por dos huevos y un tomate consideré que encendiendo la tele estaba bien.

La primer quemadura con el agua en ebullición fue cuando escuché una mujer de poco más de 20 años, de pelo teñido, diciendo que para que no mueran más mujeres - van unas 35 y 2 agonizando - necesitamos un “cambio cultural que termine con el patriarcado y el capitalismo “.

Mientras ponía mis dedos bajo el agua de la canilla recordé haber leído que , por ejemplo, Cuba, no reconocía el delito de femicidio como tal y si bien no brinda cifras oficiales al respecto, Human Rights denunció que en 2016 murieron 370 cubanas víctimas de la violencia de sus parejas. Vaya, me dije, ellos no son capitalistas y las mujeres mueren igual.

En seguida escuché al presidente del sindicato de Antel decir que los que nos quejamos de los cambios de tarifa le hacemos los mandados a las multinacionales ( debía referirse , pensé, a Movistar y Claro , porque a UPM y a SHELL se los hace el gobierno ) y la verdad es que me sentí un facho sin sensibilidad alguna por fijarme en esas bobadas como que me aumentaron un 12% el internet de casa cuando me habían dicho que la suba era de un 6,5.

Ahí tuve mi primer corte en el dedo índice izquierdo mientras cortaba el tomate. y sin emergencia móvil que me asistiera , opté por atarme al dedo un repasador.

Lo peor vino cuando anunciaron que el guantanamero Diyab fue denunciado por haber robado a quien le dió refugio en su casa de Rivera. Mientras levantaba los huevos del piso ( de gallina digo, pues se me cayeron de la olla cuando los levanté con la cuchara ) sigo escuchando que, como contraofensiva, Diyab denunció a su anfitrión por no haberle devuelto TREINTA Y CINCO MIL DOLARES que, dice, le prestó.

A medida que recogía del piso , a puro trapo, la yema mezclada con la clara, ambas semi crudas, imaginaba a la Justicia investigando de dónde un refugiado que se queja de su desgracia económica y al que acaban de prorrogarle su asistencia, habría sacado semejante cantidad de guita, por que a mí hasta para comprar los huevos me preguntaron de dónde la saqué.

Así que cuando la cuchilla cayó , clavándose como flecha, en el espacio que en mi pie separa el pulgar del índice, no me hice demasiado problema. Ya estaban anunciando que un grupo de educadoras habían recibido un premio regional por un proyecto que intentan incluir en nuestro sistema educativo y que enseñará a nuestros niños eso de la divergencia transversal en la que se puede elegir ser caballo o yegua, rato o rata, burro o burra, según tu estado de ánimo y sin consultar a los cromosomas.

Por suerte a continuación nos dijeron que en breve comienza el Carnaval y los Zíngaros ya tienen casi terminados los ensayos.

Así que con mi mano izquierda quemada , la derecha cortada y mi pie con escasos rastros de sangre , levanté mis huevos del piso y me senté tranquilo a comer la parte del tomate que se había salvado.

Te juro que si Masterchef hace la tercera temporada, ni lo miro.

Ese Puglia es un farsante.
Juan Caceres

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