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Zygmunt Baumann; relativismos e idiolatrías

Zygmunt Baumann; relativismos e idiolatrías

 

                                                                                                          Cr. Isaac Markus

                       

            La sociedad líquida que caracteriza al mundo actual, al decir de Zygmunt Baumann, implica el abandono por parte de los individuos de todo tipo de ideologías y normas rígidas de conducta. Estaríamos accediendo, al menos en un sector relativamente importante de las sociedades sometidas a los cánones occidentales, a una suerte de relativismo total que valida todo tipo de comportamientos e ideas, los que pueden cambiar de un momento a otro sin necesidad de justificación alguna.

            En el extremo opuesto, coexisten simultáneamente amplios sectores de población ligados a fundamentalismos religiosos, para quienes la interpretación de los sucesos del mundo está absolutamente cerrada y terminada. Pero el sometimiento a  cultos dogmáticos e idolatrías no solo se vincula a las religiones. También incluye a las ideologías políticas y sociales, a los nacionalismos, y a muchos otros ídolos que caracterizan la vida del ser humano, como pueden serlo el dinero y el consumismo en la actualidad. Frente a estas dos posturas extremas, surge la conveniencia de una posición intermedia que induzca tanto al rechazo de las idolatrías como del relativismo absoluto. Una posición que sin renunciar a las toma de posición, admita que todo está sujeto a la posibilidad de cambio y  perfeccionamiento.

            El rechazo a las idolatrías provisto en el segundo mandamiento de Moisés, puede ser interpretado con un sentido más amplio que el que tradicionalmente se le atribuye. Siguiendo los análisis de Stephane Mozes, se puede definir el ídolo como un fetiche, un símbolo, un objeto, idea o institución a la que el hombre atribuye el carácter de cosa terminada, sin fisuras. La función de simbolización es una función inherente a toda actividad relativa al conocimiento, pero cuando el símbolo deja de ser la puerta abierta a una infinitud de sentidos posibles, se convierte en ídolo. No se puede vivir, pensar, ni entender la vida sin recurrir a símbolos, pero éstos no deberían ser considerados como los elementos últimos de la realidad.

            . Preservarse de la idolatría sería advertir que los sistemas simbólicos, son contingentes y provisorios, y esto es válido tanto para las ideas como para las obras, tanto para las ideologías como para las religiones. Para la Biblia, los ídolos serían todas las creencias, aún las propias, cuando están fijadas, fetichizadas, y por tanto, sustraídas al proceso de infinita búsqueda de sentido. Para los cabalistas, la Torá es solo la primera relación con Dios. Pretender darle al texto un sentido definitivo implicaría convertir el texto mismo en un ídolo. Esta posición coloca al hombre en una búsqueda permanente de la verdad, la que nunca finaliza debido a sus limitaciones finitas. Y esto, de alguna forma, es corroborado por los avances del conocimiento, que demuestran permanentemente que cada incógnita aclarada es seguida por una multitud de nuevas incógnitas.   .

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