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Israel hogar nacional judío...

Israel hogar nacional judío...

 

 

 

                                                                       Cr. Isaac Markus

 

 

            La multiplicidad de formas que asume la identidad judía actual, que pueden incluir, de manera indistinta o conjunta, tanto el mero reconocimiento de ser hijo de madre judía, como la adhesión religiosa a alguna de las corrientes existentes, como el sentimiento de pertenencia basado en una historia y cultura comunes (algo de lo que podría participar incluso un ateo), hacen que la identidad que propugna el estado de Israel como hogar nacional judío se torne confusa y promovedora de grandes polémicas y conflictos internos.

 

            No podría decirse que el carácter de “hogar nacional judío”, uno de los elementos fundamentales que llevó a la creación del estado, haya perdido vigencia en el momento actual. Cada día se visualiza más la vigencia del antisemitismo en el mundo, dando lugar a condenas sistemáticas y selectivas de la ONU que se concentran en atacar a Israel, sin mencionar, o quizás, sin atreverse a denunciar, ni siquiera en mucho menor medida, los regímenes fascistas que pululan por doquier, asesinando personas a mansalva y que se sitúan a un abismo de distancia de la democracia israelí.

 

            El auge del antisemitismo en Europa ha promovido la emigración a Israel de buena parte de la comunidad judía francesa, y esta es una situación que pronostica lo que probablemente se extenderá al resto de las comunidades judías europeas. La necesidad de un hogar nacional judío que ofrezca una alternativa de protección frente a los embates del antisemitismo en el mundo, sigue existiendo, y ese estado judío debería estar abierto a todos los judíos, cualquiera sea la forma en que conciben su identidad.

 

            Para ello sería importante evitar que las formas más ortodoxas del judaísmo asuman un protagonismo en el gobierno de Israel que impida una coexistencia pacífica entre quienes son partícipes de diversas formas de asumir la identidad. El estado debería ser inclusivo, tolerante, y permitir la libre manifestación de las diversas alternativas que asume la compleja naturaleza de la identidad judía.

 

            Pero también mucho se ha hablado de que darle a Israel un carácter demasiado definido de estado judío significaría un debilitamiento de la democracia, que los no judíos que vivieran en él pasarían a ser ciudadanos de segunda categoría. Aunque este es un riesgo indudable, nada dentro de lo humano responde a un modelo rígido. Deberíamos confiar en las posibilidades de generar una capacidad creativa que permita rescatar el carácter de hogar nacional judío sin que ello vaya necesariamente en desmedro de la democracia.

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