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Influencia de Oriente sobre Occidente .-

Influencia de Oriente sobre Occidente .-

     Lic. Raquel Zieleniec

Reivindicación Masculina; cambio inesperado.-                                                     

Si bien la hipótesis del matriarcado original sigue sobre el tapete,  la predominancia de la figura masculina, siempre ha sobrevolado nuestras cabezas. Tomemos  brevemente la historia haciendo un corte a partir del momento occidental de mayor y más absoluto poder del hombre.

-Dimensión histórica

- 1) En la época del Imperio Romano, la figura del hombre como Pater familia, encaraba un poder omnipotente. Regía todo su entorno y tenía potestad para  desterrar a un hijo, matarlo o adoptar a quien quisiera.  El reconocimiento surgía a partir del gesto de elevarlo del suelo.

- 2) El cristianismo, el feudalismo consolidaron el patriarcado, vigente hasta nuestros días

- 3) Durante el Medioevo, se crean los burgos, centros urbanos poblados que vienen atraídos a la ciudad desde el campo.  La vida de los niños transcurría en casa de los artesanos, donde vivían y aprendían el oficio. El concepto de niño no estaba vigente, no había preferencias en el trato y estaban al servicio de los adultos.  Más tarde aparece la Revolución Industrial y los hombres operan de obreros. Escalón tras escalón vemos cómo declina la otrora poderosa autoridad absoluta de la figura del padre.

- 4) Luego Rousseau en Francia se hace eco de la necesidad del Estado de tener soldados para las guerras. Las mujeres en aquella época solían mantener una vida disponible para sus gustos, salían a bailar en una especie de libertad que lo social habilitaba. Daban a luz hijos en una cantidad considerable y los dejaban en manos de sus ayas.  Éstas los llevaban a sus pueblos y las consecuencias resultaban mortales para los niños. Es entonces que aparece el nuevo discurso donde Rousseau promueve la imagen de una buena madre, como alguien que cuida al niño, que no sale de juerga sino que queda en su casa preservando a su familia. Así se va delimitando una población que al crecer – trabajosamente- permanecerá al servicio del Estado. 

- 5) Este movimiento que incentiva a la buena madre genera en  esa época el concepto de niño.  Éste, al comenzar a existir requiere nuevas atenciones. En diferentes áreas, aparecen tareas y enseres referidos a los sujetos infantiles; maestros, asistencia médica y social para niños, vestimentas, muebles, etc. En función de las nuevas especializaciones y los nuevos conocimientos que se ocupan del niño, vemos a la autoridad del padre perdiendo ascendencia en su propia casa. La madre se ocupa de la casa, del niño, de la educación. El padre, se perfila entonces cada vez menos poderoso, anunciando quizás la inclinación a ocuparse de otros asuntos, más públicos. Escalón tras escalón la figura del padre se va ausentando  del rol que mantenía en el hogar.

- 6) En el siglo 18 y 19 las mujeres empiezan a luchar por sus derechos, reprimidos por la misma estructura del sistema patriarcal. Recordemos las sufragistas perseguidas en Inglaterra y los movimientos suscitados a lo ancho del mundo que quedaron en suspenso a la espera de una maduración del imaginario colectivo que advendría después. En la primera guerra se estructura el Movimiento Feminista; cuando los hombres regresan de la contienda las mujeres ya no quieren volver a la tarea del hogar y al sometimiento porque han descubierto otras aspiraciones en el mundo público del trabajo al que ellas pueden ahora acceder.

- 7) No olvidemos que las luchas bélicas implicaban un combate cuerpo a cuerpo, que permitía liberar los instintos primarios agresivos y la testosterona masculina se encausaba por las vías hostiles como acciones legítimas. Hoy día la tecnología ha sustituído el cuerpo a cuerpo y ha relegado a la figura masculina a una pasividad que tiene consecuencias.

Si bien la posibilidad de sublimar las pulsiones agresivas (normales) hoy día, se habilitan desde las competencias en el campo laboral, económico, el poder público, físico, etc,. Pero  lo que observamos es que no es suficiente. Hay una agresividad normal que al no terminar de fluir deviene violencia y ésta requiere descargarse de forma primitiva sea su origen social, biológico y/o psíquico.

Retomaremos este concepto en función del registro pulsional  que a la vez que pone en juego la energía de la vida,  hay instancias en que la destina a la destrucción y a  la muerte.

- Nuestra época

 Si saltamos a nuestra época, vemos que en relación al inicio, la figura masculina ha sufrido una declinación ostensible. Aunque el proceso no ha equilibrado roles y lugares, la vida ha ido modificando los vínculos y roles en lo social. Y aparece la figura de la mujer en el escenario público con renovada presencia

- La mujer está logrando una independencia económica que le permite mantener su hogar sin perder su libertad respecto del hombre.

- La mujer puede entonces hacer ruptura con la vieja estructura del hogar y separarse del compañero varón que mantenía y ejercía la autoridad en función de su poder jerárquico y económico.

- Los hogares mononucleares se han multiplicado y el hombre puede quedar relegado de los viejos lugares en tanto la mujer toma el relevo. 

- La aparición de la píldora anticonceptiva separa el viejo mandato de reproducción,  del derecho al disfrute sexual.  La mujer  libera su  deseo.  Para el hombre, complacerla se vuelve un tema más complejo.

–Hoy día una mujer puede prescindir de un compañero para tener hijos.

 

Sin embargo el patriarcado continúa la opresión a través de canales más sutiles. La disconformidad de las mujeres lo demuestra, en tanto si bien lograron independencia, no han mejorado su calidad de vida y la  aceptación social sigue siendo combatida y descalificante desde varios aspectos.

  De todos modos, los avances tecnológicos y socio-económicos –el de la mujer entre otros- traen consecuencia en la vida de los hombres.

- El hombre que busca trabajo –hoy una preocupación- muchas veces tiene un lugar subalterno bajo las órdenes del jefe de turno, ante el cual debe callar y someterse, con el temor de ser despedido. En su hogar tampoco ejerce el mando al viejo estilo porque la mujer también cuenta, trabaja, opina y defiende sus derechos en tanto éstos se han legalizado. También puede ella tomar la decisión de separación y desalojarlo del lugar de jefe de hogar.

- La apertura creciente  de la homosexualidad buscando ser aceptada o al menos luchando por ello, deja también en los hombres heterosexuales la sensación de que ya no hay un grupo de pertenencia en el cual puedan sostenerse. La ecuación del poder se mueve, el mundo gay muestra un estilo de placer y de estar en el mundo, que rompe con el varón proveedor y el rol de jefe de familia.  Diversas  prácticas  dejan un modelo de masculinidad que disfruta en la sumisión y la pasividad, poniendo en cuestión la masculinidad clásica y apartando de ello la figura del hombre feminizado. Tal vez no le interesa la vida de familia, que aparece como un sacrificio para una época de hedonismo individualista.

 - Qué consecuencias generan esto hechos en la vida del hombre?

Señalado como el “macho domado”,  deprimido por las circunstancias que lo hacen sentir desalojado,  con dificultades de despegarse del hogar para vivir solo y ocuparse de sus propios pequeños menesteres,  parece ubicarse en el lugar subordinado que antes le tocaba a la mujer. 

Hay una desilusión en nuestra época ante las estructuras socioculturales del siglo anterior donde caen  las áreas de poder de los varones.  Cabe considerar que los nuevos valores,  hacen caer las formas de compromiso estable que ya venían declinando: familia, pareja, trabajo. Podemos incluir los vínculos en estos cambios que se vuelven efímeros, como las instalaciones que en arte hoy adquieren un estatuto fulgurante para desaparecer en seguida.

En resumen, diría que disminuido su dominio, presionado por las modificaciones sociales suscitadas, muchas veces observamos al hombre sintiéndose humillado como sujeto, reprimiendo impulsos que la cultura occidental  censura, para adaptarse a un orden social que ha venido mutando y en el cual su lugar de poder en la cultura se ha resentido.

¿Fueron, acaso, demasiado rápidos los cambios, más que su propia capacidad de mutabilidad? ¿No supieron abrir nuevos territorios sin una mujer- madre que cuide su retaguardia?

Sentirse afectado como sujeto varón, implica inmediatamente la humillación como hombre en su potencia viril, confundiendo como siempre, la masculinidad con la virilidad.  Y escoltado por el imaginario colectivo se sentirá minimizado en su sexo-género masculino,  supuesto poseedor del poder fálico.

¿Qué pasa en el hombre respecto de ese lugar del cual ha sido desplazado?

- La vieja discusión cultura versus naturaleza vuelve al tapete. La reacción masculina -en este sistema patriarcal vigente- se rebela y se revela  en sus aspectos más primarios. Deja en evidencia la cadena genética- instintivo-pulsional que irrumpe como reacción a la represión (por frustraciones, renuncias) a la que lo social obliga. Ya no dispone del poder de autoridad absoluta del cual proviene. Y cuando la humillación se juega, la racionalidad perece y la ira masculina pasa al acto. Es de hacer notar – para complejizar aún más el concepto - que no son los cambios sociales los que provocan esa humillación, sino los basamentos de la masculinidad occidental que los provee.

 Aquí observamos una de las causas de la violencia doméstica que viene in crescendo, tal vez –a nivel social- como salida desesperada que no encuentra el camino para realizarse de modo sublimado. La civilización occidental no habilita  nuevos cauces que supongan una salida digna para una energía que fracasa en el intento y desborda con la frustración. En esta instancia, la fuerza y el dominio viril vuelven a la acción.  A veces sobre las mujeres, vieja tendencia ya conocida.  Otras, se vuelve imposible el control en algunas figuras masculinas cuya formación e historia están lejos de poder simbolizar y manejar acontecimientos que desbordan sus límites.

Así,  en su estructura biológica atravesada por una educación recibida dentro del patriarcado, el varón suele vehiculizar en sus acciones,  sus pulsiones normalmente agresivas. Cuando no logra encausarlas, su acción deviene en violencia. Recordemos que en la historia de la cultura y la modernidad, el iluminismo de la razón terminó provocando el  desastre del genocidio y el holocausto

Recuerdo la historia de Paul Gaugin, cuya vida burocrática le resultaba intolerable y renuncia a ella, dejando caer todo lo que implicaban sus bienes, sus tareas y obligaciones, sus lazos incluídos. Y se va a pintar a la Martinica. Sin duda que estos tiempos son otros, nuestro imaginario colectivo se puebla de opciones más violentas.  

Marc Augé (El tiempo en ruinas) nos señala cómo se ha modificado el espacio y la urbanización. La globalización económica y la tecnología están al servicio de una expansión de violencia bélica, política y social.  La arquitectura lo pone en evidencia:

“Aeropuertos, hoteles, autopistas, supermercados, son no lugares. No tiene como objetivo asentar un territorio, crear identidades singulares, relaciones simbólicas y preservar patrimonios comunes”.          El objetivo es facilitar la circulación (y con ello, el consumo) de  migraciones,  el desplazamientos de poblaciones en un mundo de vértigo planetario.

El objetivo presente no es construir, más bien se aproxima a toda velocidad hacia la destrucción.

 

-Quién provee el escenario adecuado a estos fines?

En este contexto  si pensamos a Europa, vemos estas figuras sociales de jóvenes masculinos, de clase media, de empleos varios (Francia, España, Inglaterra, etc,) que sin ser hijos de padres islámicos, empiezan a inscribirse en el movimiento E.I.

No se nos escapa que este movimiento oriental irrumpió desde la parte oprimida del mundo que sin duda ayudó a gestar nuestro occidente. La tormenta se ha desatado y habrá que esperar que se produzca un equilibrio. Mientras,  los que vivimos de este lado del mundo, resistimos el choque, al tiempo que percibimos  el debilitamiento de la frontera que separa las civilizaciones

 - Son unos pocos – sugería alguien. 

- Pero incrementan la horda donde son muchos. Estamos frente a un fenómeno ya no tan nuevo ni incipiente, que abrocha una posición reivindicativa.  En el E.I.  intransigente y fundamentalista, encuentran una via de explosión –tanto unos como otros- a lo que estaba contenido.

Independiente de lo que el Islam implica en sus diversos abordajes, lo que se muestra en la escena pública es esta dimensión de fuerza incontenible que opera como convocatoria a ser parte de ella.

Grupos islámicos que interpretan el mandato divino de cierta manera, se lanzan en una cruzada de horda primitiva que libera su instintiva en una violencia ya sin represión. Cierta racionalidad  ya no constituye el muro de contención, importa soltar amarras y salir de los controles occidentales.

 Mientras en cada país occidental hay una encarnizada lucha contra la violencia doméstica, en simultáneo aparecen telenovelas turcas en las que el dominio y la violencia masculina - protegidos y promocionados por la ley de la shariá - impera legal e impunemente ante los ojos de nuestras poblaciones.  ¿Es el choque de civilizaciones dentro de nuestras propias cabezas?

Creemos que es un fuerte indicio que nos hace percibir cómo los movimientos islámicos comienzan a influir sobre nosotros, en lugar de lo que creímos que sucedería, que nuestra cultura resultaría naturalmente el modelo a seguir. Sucedió a la inversa y el Islam violento tomó la delantera.

 

No había terminado aún este artículo cuando recibo el que voy a mencionar, con la misma interrogante con la cual comenzó el recorrido de mi pensamiento: 

El Yihadismo como síntoma generacional. Por qué los jóvenes europeos de familias que no tienen dificultades económicas se inscriben en el yihadismo del E.I.?

Olivier Roy (islamólogo francés entrevistado por Beatriz Navarro en la Revista Ñ de Clarín) hace notar que se trata de jóvenes que al igual que otros, beben, fuman, viven su sexualidad como corresponde a su generación. No los inspira la religión, ni Alá ni Mahoma. Tampoco las leyes de la shariá. El atractivo es el propio movimiento E.I. que “tiene esa impronta de machos. No es una radicalización del islam en sí, sino una islamización de la radicalización de los jóvenes  Y agrega: “Aquí es donde el terrorismo introduce nuevamente el cuerpo en escena.  El hombre encuentra en el E.I. su revancha, su reivindicación a la manera de un estallido de violencia compartida. Conocemos también en occidente esas muchedumbres enloquecidas que si bien aparecen en momentos puntuales dejan esa impronta de destrucción por donde pasan.

Coincidimos con Roy que el E.I. ofrece la posibilidad de poner en acto sus fantasmas, sus fantasías de héroes. Tal vez no pondríamos el acento en su búsqueda de notoriedad para otros, pero sí en la rebeldía propia, del retorno a lo primitivo,  a sentir que -aunque otros lo juzguen negativamente-,  él –el varón- combate, combate el mal social;  ya no se siente despreciable, ahora es alguien temible, fuerte, seguro de sí, dispuesto a lo que sea.

Hemos de hacer notar que esta vivencia (más allá de nuestra lógica) , no pretende mejorar la sociedad sino descargar  disconformidad,  frustración, ira. Una vez más aparece el concepto de que no se trata de construir sino de destruir. ¿Qué pasó con nuestra ética, está mutando también?

Nuestra época está transitando su energía vital, más que por  un camino de destrucción, por una senda de autodestrucción. El siglo XX ha dado pruebas y el XXI no le va a la saga. La historia del movimiento nazi y su compulsión a la muerte, no logró hacer otra cosa que encaminarse ciegamente a su propia “solución final”. 

Lo vemos hoy en algunos jóvenes que suben a sus motos en riesgosos movimientos de velocidad, impunes –alcohol mediante, drogas- y su omnipotencia sólo sucumbe ante el muro donde encontrarán la muerte.

“No poder parar” es un registro compulsivo sin control. Vida y muerte enlazados. No implica un placer sino lo contrario, precisamente, porque no pueden dejar de hacerlo.  Creemos que es una vivencia que denuncia la dificultad de encontrar salida en nuestro mundo occidental.  Una precipitación al suicidio, donde la frontera de matar o morir se pierde, como también se desdibuja la frontera entre la vida y la muerte.

Queda la pulsión de vida al servicio de la pulsión de muerte?

Acaso nos inclina a pensar en una erótica de la destrucción?

Cuando todo vale, de hecho ya nada vale. Y tampoco importa.

Habrá que esperar el diluvio para recomenzar?

fin

 

Me tomaré una licencia de comic para terminar estas líneas con un guiño antropológico que relata cómo desaparecieron los dinosaurios.

Son dos dinosaurios que llegan hasta el mar a tiempo de ver partir el arca de Noé.

-          Viste –dice uno al otro- te dije que era ayer.

 

P.S.- Agradezco a Adriana Frechero y Daniel Moreira por sus observaciones

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