PURIM O EN BUSCA DE UNA VERDAD FREUDIANA

PURIM O EN BUSCA DE UNA VERDAD FREUDIANA1

Pablo Cúneo

“El hebreo odia la práctica de ritos metafísico-sexuales que en la fiesta unen a la comunidad con el goce de Dios…”
Jacques Lacan. Seminario – Los nombres del Padre.

En la festividad judía de Purim se conmemoran los acontecimientos narrados en el rollo de Esther. En él se da cuenta de cómo Esther, convertida en reina de Persia por el rey Asuero, salva a los judíos de los intentos del primer ministro Amán de aniquilarlos. El motivo de la ira de Amán hacia los judíos surge del hecho de que Mordejai, primo de Esther -a quien cría como a una hija-, se negó a postrarse ante él. Amán termina colgado en la misma horca que había preparado para ejecutar a Mordejai.

La festividad es totalmente atípica en la tradición judía. Su espíritu carnavalesco, de disfraces y de banquetes con vino y jolgorio -al punto de que aparece como mandato de ley (halajá) el embriagarse-, es una excepción en el ritual judío. Sus raíces se funden en la noche de ciertas prácticas paganas. A diferencia de otras festividades o mitos hebreos que tienen su origen babilonio o mesopotámico la festividad de Purim no es  elaborada para expresar lo propio del pensamiento judío, en ella se transmite directamente el espíritu pagano.

¿Qué expresa entonces esta festividad, integrada parentemente sin ningún conflicto, en el marco de la tradición judía? Vamos a tratar de ir más allá de la respuesta habitual que la explica como una celebración del triunfo ante la amenaza de  aniquilación por el malvado Amán.

Salo Barón, en su monumental obra Historia Social y religiosa del pueblo judío, en nota a pie de página en el tomo IV pag.299) haciendo uso de fuentes judías, como son las respuestas de los sabios a las consultas que les llegaban de diferentes comunidades (responsas gueonim), dice: “…declara expresamente que ésta era una costumbre practicada por los judíos babilónicos y elamitas”. Las investigaciones confirman plenamente el origen babilónico de dicha festividad. Lo veremos más adelante.

Los orígenes de los nombres de Esther y Mordejai van en consonancia con el origen de la festividad. Mordejai, también llamado Mardoqueo, deriva de Marduk, el nombre del dios principal de Babilonia, mientras Esther es el nombre de Ishtar, la diosa asiria de la guerra que corresponde a la bíblica Astarté. Como vemos, los nombres de los personajes hebreos del relato son los nombres principales del politeísmo babilónico.

Ello nos lleva a una serie de mitos y ritos que recorrieron la Mesopotamia, Egipto, Grecia y la Siria cananea. Se trata de la muerte de un dios que revive en primavera para alegría de su diosa consorte, muchas veces su hermana, y que es saludado con una serie de ritos fálicos en donde se pasa del llanto y los lamentos por su muerte a la alegría y el jolgorio por su renacimiento. Son Inanna y Dumuzi en la mitología sumeria, Isis y Osiris en la egipcia, Ishtar y Tamuz (del acadio du – muzo) en la babilónica; en la fenicia, la diosa toma el nombre de Astarté y los griegos llaman Adonis a Tamuz al tomar el término semita Adon por su nombre en forma errónea, pues los fenicios se dirigían al dios con ese apelativo que significa Señor.

Plutarco (1930) cita a Diodoro de Sicilia para describir el ritual de Osiris en Egipto y su influencia en los ritos báquicos griegos. Para comprenderlo, es importante saber que el mito cuenta que el dios fue despedazado por Tifón en catorce partes y que la diosa Isis reunió los trozos del cuerpo del dios, salvo el falo que no pudo encontrar.

“Como Isis no pudo hallar las partes sexuales de Osiris hizo construir una imagen en los templos, y le atribuyó culto particular en las ceremonias y sacrificios que se efectúan en honor de este dios. Por eso los griegos, que tomaron de los egipcios las orgías y fiestas dionisíacas, sienten gran veneración por el Falo en los misterios e iniciaciones de Baco… También muchas otras naciones consagraron en sus mitos el órgano de la generación…De esta manera rinden homenaje al principio fecundante”.

Frazer (1961) describe así lo que ocurría en Fenicia: “En el gran santuario fenicio de Astarté en Biblos, lloraban anualmente la muerte de Adonis a las estridentes y plañideras notas de la flauta, entre lloros, lamentos y golpes de pecho; pero al día siguiente creían que volvía otra vez a la vida y ascendía a los cielos en presencia de sus adoradores”.

No parece ser muy osado seguir a Freud y entender que la muerte del dios simboliza la castración y que las fiestas orgiásticas que surgían del renacimiento del dios – falo unían a la gente con el goce de sus dioses, como lo señala Lacan.

El monoteísmo judío, en su lucha contra las diosas madres, rompe justamente con este tipo de prácticas que hacen de las festividades sexuales una comunión de dioses y gentes, emparentadas con los ciclos de la naturaleza. La Torá muestra cómo los hebreos recaían en esa práctica y cómo su monoteísmo está estrechamente ligado al corte con las mismas. Así, en Ezequiel 8: 12 :

12 – Entonces Él me dijo: “‘¿Has visto, oh hijo del hombre, lo que los ancianos de la casa de Israel están haciendo en las tinieblas, cada uno en sus cámaras pintadas de imágenes?, porque dicen: ¡El Señor no nos ve! ¡El Señor ha abandonado la tierra!”

13- Luego me dijo: “Verás aún más grandes abominaciones, que ellos están cometiendo.”

14- Entonces me trajo a la entrada de la puerta de la casa del Señor que miraba hacia el norte: ¡y he aquí que estaban allí sentadas las mujeres llorando a Tamuz!

Podemos entender entonces que la Ley de Dios y su lucha contra el politeísmo y las diosas madres surge de una regulación de la sexualidad marcada por la castración simbólica. Ley que impide que el sujeto se identifique con el dios = falo, que muere y renace, estableciendo una prohibición de realización a la promesa paradisíaca de la serpiente: Y seréis como dioses. El rito de la circuncisión tiene aquí todo su valor simbólico. Es la lucha que tuvo que librar Moisés para establecer su Ley contra el anhelo siempre presente de la idolatría en sus diferentes versiones, ya sea de oro con forma de becerro como de cualesquiera otras, siempre metáforas de una sexualidad no regulada por la prohibición incestuosa. Este es el fundamento básico del pensamiento judío, de su monoteísmo ético.

Es en este marco que podemos comprender el origen babilónico de la fiesta de Purim: este es el de la fiesta babilónica de Sacaea, donde un rey de burlas -al igual que ocurrirá en las Saturnalias romanas- ocupaba el lugar del verdadero rey con todas sus prerrogativas, como la de gozar sexualmente de sus mujeres. Ello por un corto lapso, hasta que se le daba muerte en lugar de aquel.

En su monumental obra La Rama Dorada James Frazer (2014) anota: “Un examen de esa tradición y del modo de celebrar la fiesta hace probable que Purim no sea más que una forma más o menos disfrazada de la fiesta babilónica de Sacaea o Zakmuk . . . . Pero, además, cuando examinamos la narración que da cuenta de la institución de Purim, descubrimos en ella no solo las huellas más fuertes del origen babilónico, sino también ciertas analogías singulares con esas mismas características del festival de Sacaea del que aquí nos ocupamos. El libro de Esther gira en torno a la fortuna de dos hombres, el visir Amán y el despreciado judío Mardoqueo, en la corte de un rey persa. Se nos dice que Mordecai había ofendido mortalmente al visir, quien en consecuencia prepara una horca alta en la que espera ver colgado a su enemigo, mientras que él mismo espera recibir la muestra más alta del favor del Rey al permitírsele llevar la real corona y las túnicas reales, y así vestidos para desfilar por las calles, montados en el propio caballo del Rey y atendidos por uno de los príncipes más nobles, que deberían proclamar a la multitud su exaltación y gloria temporal. Pero las ingeniosas intrigas del malvado visir abortaron y dieron como resultado precisamente lo contrario de lo que esperaba; porque los honores reales que había buscado cayeron sobre su rival Mardoqueo, y él mismo fue ahorcado en la horca que había preparado para su enemigo. En esta historia, parece que detectamos una reminiscencia, más o menos confusa, de los Zoganes de Sacaea, en otras palabras, de la costumbre de investir a un hombre privado con la insignia de la realeza por unos días, y luego matarlo en la horca o la cruz. . . .”

La muerte y renacimiento del dios en los mitos observados más arriba, son sustituidos en la fiesta babilónica que da origen a Purim por la muerte del rey de burlas y la aparición luego del rey verdadero. Es la misma estructura con forma diferente: la gente se identifica siempre con el rey / falo (se lo preserva matando realmente en su lugar a uno de burlas que por lo general era un convicto) y se permite, por el tiempo determinado en que el sujeto ocupa la función real, identificarse con él y dar rienda suelta a los impulsos. Es interesante observar que en muchas monarquías africanas el rey es asesinado si pierde un diente o ante la aparición de alguna arruga, o sea ante el más mínimo detalle que simbolice la castración. Como se puede observar en el relato del rollo de Esther, Mordejai y Amán ocupan ese espacio en el que uno será colgado en el lugar del otro en sus ambiciones reales.

Hemos dicho más arriba que era disposición halájica que en la festividad de Purim se tomara vino hasta emborracharse; pues bien, el precepto apunta hasta el punto de que el sujeto no pueda diferenciar a Mordejai de Amán. Es el Talmud de Babilonia, en el tratado Meguilá 7b donde podemos leerlo: “Raba dijo: los hombres están obligados a emborracharse durante Purim hasta que no reconozcan la diferencia entre el malvado de Amán y el bendito de Mordejai”. La continuación del relato talmúdico es totalmente revelador: “[Se cuenta que cierta vez] Rabah y Rabi Zeira se reunieron para celebrar juntos el banquete de Purim. Ambos se emborracharon y Rabah degolló a Rabi Zeira. A la mañana siguiente Rabah pidió clemencia al cielo y [Rabi Zaira] revivió. Al año siguiente Rabah le dijo a Rabi Zeira: ‘Hazme el honor de compartir juntos la celebración de Purim’. A lo que Rabi Zeira le contestó: ‘No en todo momento ocurren los milagros’.

Es habitual -siguiendo lo expuesto más arriba- que en Purim se tome a un maestro de la academia talmúdica para mofarse, reírse y burlarse de él. La festividad misma es una licencia para burlar la Ley, la posibilidad de suspender la comida kasher, de que el hombre se vista de mujer y viceversa, a pesar de que ello está prohibido por la Torá. Todo ello coronado por un hecho central, pues el propio rollo de Esther presenta una característica que lo hace único en la tradición textual judía y que -me animaría a decir- es signo del borramiento de Dios, o sea de la Ley: en el texto no aparece nombrado Dios en ninguna oportunidad.

El hecho habitual de colgar un muñeco que representa a Amán en Purim constituyó una oportunidad más, en la Edad Media, de acusar a los judíos de reproducir en forma burlesca la crucifixión de Jesús. A su vez el hecho hace recordar a la Quema del Judas, tradición traída por los españoles a las Américas. En mi estudio “Los nombres del Judas” muestro cómo el niño le pone al muñeco el nombre de alguien amado e idealizado para luego quemarlo como Judas, preservando así a su figura idealizada con la que se identifica. Parece como si siempre se necesitara de un enemigo, sea Amán, Judas o los judíos cuando ocupan el lugar del traidor bíblico, para permitirse salir y renegar del espacio simbólico de la castración.

La ausencia de toda referencia a Dios expresaría entonces lo que Ezequiel denunciaba que se decían: “¡El Señor no nos ve! (¡para eso están los disfraces!) ¡El Señor ha abandonado la tierra!”. En realidad parece ser ese lapso en que el judío deja de lado a Dios con su Ley. Freud lo percibió cuando al final de su vida lo buscó en el asesinato de Moisés como repetición del asesinato del Padre.

¿Será Purim un recordatorio anual de ese asesinato –si no de un hecho real, sí de un deseo que insiste- donde Esther, como sustituto de las diosas semíticas, destituye por un corto lapso a Dios, y con él a la Ley de Moisés?

Paradójicamente, Freud lo buscó en el momento en que el judío estaba siendo perseguido y en un tiempo en el que se avizoraba una noche jamás vista, seguramente para mostrar la condición humana de su Pueblo y su inmenso logro cultural ante el cual los hombres, todos y sin distinción, se rebelan.

Notas:

1. El texto fue publicado originalmente en http://www.elsigma.com/historia-viva/purim-o-en-busca-de-una-verdad-freudiana/13374

BIBLIOGRAFÍA

-Barón, Salo (1968): Historia Social y religiosa del pueblo judío. Volumen IV. Paidós. Buenos Aires.
-Cúneo, Pablo (2016): “Los nombres del Judas” en
http://www.mensuarioidentidad.com.uy/judaismo/raices/los-nombres-de-judas
– Dujovne, L -Konstantynowski, M y M. (1973): La Biblia. Sigal. Buenos Aires.
-Frazer, James (1961): La rama dorada. F.C.E. México.
——————- (2014): La rama dorada. Magia y religión (Nueva edición a partir de la edición original en 12 vols.) F.C.E Mexico.
Freud, Sigmund (1986): Moisés y la religión monoteísta. Volumen 23. Amorrortu. Buenos Aires.
-Plutarco (1939): Isis y Osiris. Espasa-Calpe. Madrid.
-Romano, Uriel (2015): “No mires al vino cuando rojea”

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