Ciclos interrogantes

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La necesidad de saber cosas de la vida, fuertemente condicionada por la consciencia de la muerte, nos hace plantear preguntas sobre las cuestiones más diversas. Dichas cuestiones nos conciernen a nosotros mismos, a otros o a cualquier cosa inanimada o no, concreta o abstracta. Esta necesidad de saber es lo que hace que estemos verdaderamente vivos. Pero aunque no encontremos las respuestas, el intento de entender en qué consisten esas interrogantes nos permite en cierto modo obtener parte de la respuesta.

Hay que tener en cuenta que solo podemos hacer preguntas cuando ya sabemos algo o al menos cuando creemos saber algo. De otro modo sería imposible, ya que no tendríamos la más mínima curiosidad por ampliar un tema del cual ignoramos hasta su misma existencia. No podemos dudar sobre algo que ni siquiera existe para nosotros. Pero siempre sabemos algo porque nos lo enseñaron otros (padres, maestros, compañeros, informativos, etc.) y por la propia experiencia (hambre, sed, dolor, placer, sentidos, etc.).

Sin embargo, no todos los conocimientos que tenemos son creíbles en el mismo grado. No todo lo que nos dicen es verdad, ya sea porque nos quieren engañar o porque tienen información errónea o inexacta. Incluso lo que creemos verídico también nos puede generar dudas. Lo que hemos estudiado en el pasado hoy puede haber cambiado o puede estar en auge una teoría científica diferente. Además, lo que aprendemos por experiencia propia (que en gran parte nos lo transmiten nuestros sentidos) no nece

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