Ciclo sobre interrogantes filosóficas II

La búsqueda de la verdad          

La necesidad de saber cosas de la vida, fuertemente condicionada por la consciencia de la muerte, nos hace plantear preguntas sobre las cuestiones más diversas. Dichas cuestiones nos conciernen a nosotros mismos, a otros o a cualquier cosa inanimada o no, concreta o abstracta. Esta necesidad de saber es lo que hace que estemos verdaderamente vivos. Pero aunque no encontremos las respuestas, el intento de entender en qué consisten esas interrogantes nos permite en cierto modo obtener parte de la respuesta.

Hay que tener en cuenta que solo podemos hacer preguntas cuando ya sabemos algo o al menos cuando creemos saber algo. De otro modo sería imposible, ya que no tendríamos la más mínima curiosidad por ampliar un tema del cual ignoramos hasta su misma existencia. No podemos dudar sobre algo que ni siquiera existe para nosotros. Pero siempre sabemos algo porque nos lo enseñaron otros (padres, maestros, compañeros, informativos, etc.) y por la propia experiencia (hambre, sed, dolor, placer, sentidos, etc.).

Sin embargo, no todos los conocimientos que tenemos son creíbles en el mismo grado. No todo lo que nos dicen es verdad, ya sea porque nos quieren engañar o porque tienen información errónea o inexacta. Incluso lo que creemos verídico también nos puede generar dudas. Lo que hemos estudiado en el pasado hoy puede haber cambiado o puede estar en auge una teoría científica diferente. Además, lo que aprendemos por experiencia propia (que en gran parte nos lo transmiten nuestros sentidos) no necesariamente es cierto, como cuando vemos algo que parece agua en la carretera y que desaparece al acercarnos.

No quiere decir que tengamos que ser escépticos de todo lo que aprendemos. Es bueno que dudemos, nos hagamos preguntas, discutamos, estudiemos, para así corroborar o ampliar nuestros conocimientos, incluso para refutarlos. Esto es evaluar argumentos, o sea, usar la razón. Según Leibniz, la razón es una facultad que capta las relaciones entre las cosas que son de una determinada manera y no de otra. Podemos hacer deducciones lógicas y así tener ciertas certezas en las cuales basar nuestro conocimiento. Este procedimiento crítico hace que lo personal o subjetivo coincida con lo intersubjetivo, es decir, si lo que creo está basado en argumentos racionales, son racionales para todos. La razón es universal, todas las personas la poseen.  Y la búsqueda de la verdad es su objetivo, una verdad que sea válida universalmente. Aunque hay verdades de diferente tenor, ya que la realidad tiene diversas dimensiones. Esto quiere decir que se puede hablar de algo desde el campo científico, el literario, el filosófico, etc., y la razón establece los límites de cada uno. Es por eso que se crea gran confusión si se mezcla el ámbito de la física con el de la religión, por ejemplo, ya que no responden a los mismos principios. En la ciencia se debe procurar el cálculo exacto, pero en la ética, según Aristóteles, se debe aplicar el razonamiento riguroso. En algunas áreas nos manejamos con convenciones, como que algo se llama de determinada manera en un idioma y de otra en otro baja temperatura, tanto da si se llama “frío”, “cold” o “freddo”.

Según Ortega y Gasset las ideas no son lo mismo que las creencias. Las ideas se basan en comprobaciones científicas, mientras que las creencias son lo que damos por sentado sin pensar, como que es obvio que cuando abro la ducha saldrá agua y no otro líquido. Esta es una creencia de sentido común que nos sirve para vivir, pero en el plano filosófico debemos encontrar la justificación argumental. Eso es tarea de la razón.

Sin embargo, hay filósofos que niegan la capacidad de la razón para encontrar verdades, mientras que otros piensan que la verdad es relativa a diversos factores y que no es válida universalmente. Otros ponen en duda la razón por las dificultades que tiene y los errores en que cae, y adhieren a una verdad obtenida por intuición o revelación.

El escepticismo sostiene que no hay ningún conocimiento firme porque duda de que el ser humano sea capaz de dar cuenta de la realidad. Pero es una paradoja afirmar que “ninguna proposición es verdadera”. Si nada es verdad, al menos sabemos algo: que nada es verdad. Entonces hay por lo menos una verdad. Para concluir que el conocimiento racional no existe debemos usar argumentos racionales, lo cual es contradictorio.

Kant afirmó que el conocimiento se produce con el aporte de la realidad que nosotros capturamos con los sentidos y que captamos a través de las categorías de nuestro entendimiento (inteligencia que ordena los datos). De esta forma nos muestra que no sabemos cómo son las cosas en sí mismas sino solo lo que nos permiten nuestras facultades. De lo que los sentidos no capturan, no podemos saber nada. Por lo tanto, cuando nuestra razón especula en el vacío (Dios, alma, universo, etc.), aparecen las contradicciones.

Los relativistas sostienen que es imposible conciliar lo subjetivo con lo universal porque cada cultura tiene su lógica particular y cuando alguien razona, lo hace además desde su circunstancia particular (sexo, clase social, etnia, etc.). Entonces habría tantas verdades como culturas y circunstancias personales. Es cierto que estos factores influyen en nuestro razonamiento, pero no necesariamente invalidan la universalidad de las verdades a las que se llegan desde ellos, por ejemplo los hallazgos científicos.

Los relativistas aportaron algo muy importante: no se puede determinar cuál es la fuente última del conocimiento verdadero. Es posible que por esto Karl Popper afirmó que no hay ningún criterio para saber si se ha llegado a la verdad absoluta de algo. Dice que es como la cima cubierta de nubes de una altísima montaña para un escalador, quien debe admitir que existe aunque no pueda llegar o no la vea. Incluso puede haber llegado a la cima, pero como las nubes no le permiten ver, no tiene la certeza de que sea la cima máxima o una secundaria.  Es decir, Popper cree que la verdad existe pero está oculta y es inalcanzable. Para él solo podemos encontrar los errores y corregirlos. Es decir, por ensayo y error nos podemos ir aproximando a la verdad.

Hay quienes creen en la verdad, pero no en la razón. Para ellos, se trata de una Verdad con mayúscula, una verdad absoluta a la que no se llega por medio del conocimiento sino por revelaciones, manifestaciones o intuiciones. Esta verdad es irrefutable y debe ser aceptada sin cuestionamientos. La razón, en cambio, funciona sin necesidad de fe ni de pureza del alma, no exige pertenecer a determinado grupo, y la puede usar cualquiera. Pertenece a la condición humana. La revelación se puede fingir, no así el uso de la razón.

El razonamiento es social porque se manifiesta a través de preguntas y respuestas, principalmente  en la comunicación con nuestros semejantes. Es por eso que el ejercicio filosófico de razonar nació en Grecia junto con la democracia. La base de la democracia es que todos tenemos el derecho de ser parte de la gestión de nuestra comunidad. Pero para ello es necesario que nuestras opiniones sean diferentes, acorde a la diversidad humana, y así elegir las más adecuadas, es decir, las que presentan mejores argumentos y que resisten mejor las objeciones. Y esto es precisamente la eterna búsqueda  de la verdad.

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