Ciclo sobre interrogantes filosóficas

Reflexiones sobre la muerte

¿Por qué empezar con el tema de la muerte? Parecería más adecuado para terminar un ciclo que para comenzarlo. Sin embargo, la muerte, o mejor dicho, la consciencia de ella, es el motor que nos mueve y nos llena de vida.

Desde temprana edad sabemos que las personas se mueren, pero cuando caemos en la cuenta de que nosotros también vamos a morir, que es algo propio e individual, no podemos ya dejar de convertirnos en pensadores, en filósofos. Crecemos (maduramos) y nos humanizamos porque la idea de la muerte va creciendo en nosotros, algo que es propio solamente de los seres humanos.

Platón decía que filosofar es «prepararse para morir», y esto es, en definitiva, prepararse para la vida humana. La certeza de la muerte es lo que hace que nuestra vida sea única y absolutamente importante. Casi todo lo que hacemos son formas conscientes o inconscientes de tratar de evitar la muerte, que es inexorablemente inevitable. Es personal e intransferible, nadie puede morir por otro. Si alguien se ofreciera a morir en lugar de un sentenciado, lo único que lograría obtener para este sería un plazo más largo de vida, no la inmortalidad.

La muerte es algo desconocido. Podemos saber si alguien está muerto pero no tenemos idea de lo que es morir uno mismoEste misterio insondable ha dado lugar a las religiones, cuya aparición está vinculada a las preguntas que el hombre comenzó a formularse sobre la muerte.  Los dioses de las diversas religiones se ocupan de lo que significa la muerte otorgando a los humanos premios o castigos según ciertos criterios de comportamiento. Los dioses, en cambio,  son inmortales. En los casos en que mueren, en realidad no mueren ya que resucitan o pasan a ser otra cosa. Si la muerte no existiera, no habría dioses y todos seríamos ateos.

En las religiones que prometen vida después de la muerte, si la persona fue buena pasa a tener una forma de vida en el paraíso y si fue mala, en el infierno. ¿Pero se le puede llamar vida a esa forma de existencia? No, porque la vida, tal cual la conocemos, es un continuo devenir de acontecimientos y cambios imprevistos. Entonces, lo que prometen es una duración de un estado congelado de bienestar o de condena. Además, el ingrediente fundamental que faltaría para poder llamar «vida» a esa existencia es precisamente la muerte. Miguel de Unamuno dijo que el hecho de saber que somos mortales como especie pero no querer morirnos como personas es lo que nos da individualidad. Acá aparece un problema porque si nuestra individualidad personal proviene del conocimiento y a la vez del rechazo a la muerte, ¿cómo podríamos seguir siendo nosotros mismos si fuéramos inmortales?

Es muy extraño que llamemos «creyentes» a las personas de convicciones religiosas ya que su característica principal es no creer en lo obvio y totalmente drástico, es decir, en la muerte, a la que consideran solo una apariencia y que no sería otra cosa que una especie de tránsito a una metamorfosis. Tal vez la creencia en la existencia de una vida después de la muerte se originó extrapolando la experiencia de los sueños mientras dormimos, que podría haber hecho pensar en una analogía entre el estar dormido y el estar muerto.

La muerte produce dolor cuando es ajena y produce miedocuando pensamos en la propia. El temor se debe a la incertidumbre de lo que nos espera posteriormente, ya sea algo terrible o, peor aun, la nada. Sin embargo, Epicuro afirma que la muerte no debe ser temida porque se han construido muchas fábulas o relatos irreales sobre los horrores infernales. Pero sostiene principalmente que no hay nada que temer debido a la propia naturaleza de la muerte, que implica que mientras nosotros estamos ella no está y que cuando llega nosotros ya no estamos. Lucrecio, discípulo de Epicuro, planteaba que hay algo así como un espejo entre el tiempo que precede a nuestro nacimiento y el posterior a nuestra muerte, que sería un no ser tanto uno como el otro. Si nos preocupamos tanto por el posterior, ¿por qué no nos preocupamos por el anterior? Si no nos duele este, no nos dolerá aquel. Y al decir de Lucrecio, por lo menos derrotamos a la muerte (o sea, al no ser) una vez, cuando nacimos.

Se puede argumentar contra Lucrecio diciendo que cuando yo aún no había nacido, yo no era, no había un yoque pudiera extrañar ser ya que no tenía conciencia, pero ahora sí la tengo, sé lo que es vivir y sé lo que voy a perder cuando muera. Y lo peor es que al tener consciencia, los posibles males posteriores a la muerte me preocupan también ahora. Por tanto, el espejo de Lucrecio no es simétrico.

El duque de La Rochefoucauld dice que «ni el sol ni la muerte pueden mirarse de frente».  Y Vladimir Jankélevitch sotiene que vamos de la angustia al aturdimiento para no pensar, en forma intermitente, porque no sabemos qué hacer frente al problema de la muerte.

A diferencia de ellos, Baruch Spinoza sostiene: «Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida». Es decir, no hay nada positivoque pensar con respecto a la muerte. Nos angustia por los placeres que perderemos o porque nos deja sin las personas amadas. También a veces pensamos en ella con alivio, por los dolores que nos ahorrará. Pero tanto en la angustia como en el alivio, la muerte es negación (lo opuesto a la vida), así siempre de algún modo nos hace pensar en la vida.  En consecuencia, la muerte sirve para hacernos pensar, pero nuestros pensamientos rebotan sobre ella y se vuelven continuamente pensamientos sobre la vida, en intentos constantes de comprender la vida.

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