MÉRITO: EL CONCEPTO HEBREO DE LOS DERECHOS

MÉRITO: EL CONCEPTO HEBREO DE LOS DERECHOS

Así como el hebreo cuenta con una importante densidad de significatividad en sus palabras y en sus relaciones etimológicas, también se caracteriza por carecer de riqueza léxica en determinados campos semánticos. Este rasgo puede manifestarse desde los términos más concretos de la realidad cotidiana hasta las nociones más abstractas del pensamiento y la razón. Cuando en un determinado idioma un campo de nociones se sintetiza en una sola palabra – mientras que en otros idiomas se diversifican en múltiples vocablos – cabe poner atención en lo que intenta transmitir ese idioma al reducir varias acepciones a un solo término. Es cierto, el hebreo es una lengua antiquísima que tiene ciertas carencias léxicas, pero ese vacío de vocablos que se resuelve en la existencia de uno solo también refleja toda una filosofía y hasta a veces una ética detrás.

Ejemplo de ello es el hecho de que en el hebreo coincidan en una misma palabra los conceptos del “mérito” y el “derecho”. Para el hebreo, parece no haber diferencia entre uno y otro. El término es זכות (ZEJUT), de cuya raíz .ז.כ.ה se desprende el verbo לזכות, que significa “ganar / obtener por mérito”, eso que en inglés se llama “to earn”, distinto de lo que significa “to win”. El hebreo también hace esa diferencia por medio de las palabras. Por supuesto que hay “derechos” que a esta altura de la historia se consideran inalienables (la vida, la justicia, la propiedad privada, para poner algunos ejemplos, aunque lamentablemente se pongan en tela de juicio bajo distintos regímenes o sistemas políticos ya sea en forma discursiva o práctica); sin embargo, el hecho de que un concepto esté ligado con el otro nos transmite una lección de orden moral muy profunda: el derecho a algo se gana por medio de un mérito. Nótese lo significativo que es el hecho de que resulte tan difícil traducir esta última oración al hebreo al pertenecer a una misma raíz “derecho”, “ganar” y “mérito”. Para el hebreo, es una redundancia total; estéticamente, habría que hacer un esfuerzo notable para que no se produjera tanta aliteración en la construcción de la frase.

Por tanto, si estos conceptos están tan interrelacionados entre sí, cabe preguntarnos cuál es la naturaleza de esta relación. Si “mérito” y “derecho” se confunden en el idioma, entonces una cosa no puede estar desprendida de la otra. Así, para reclamar el derecho a la justicia, hay que obrar con ella; para reclamar el derecho a la propiedad privada, hay que esforzarse por conseguir lo que uno quiere; para reclamar el derecho a la educación, hay que procurarla responsablemente y responder consecuentemente a ella; para reclamar el derecho a la vida, hay que defenderla y cuidarla escrupulosamente y por sobre todo respetar la integridad de la del otro; para exigir el derecho a ser respetado, primero hay que saber respetar a los demás. Mérito y derecho son dos hermanos que no se pueden pelear, uno es reflejo del otro.

 

 

 

 

Cuando todos hayamos comprendido que el derecho es la consagración de una responsabilidad que debe procurar el propio individuo más que la concesión de una exigencia arbitraria ante un deseo o pretensión personal, probablemente nuestros derechos – es decir, nuestros méritos – estarán mucho mejor protegidos y garantizados. El derecho es un logro, un esfuerzo, un trabajo. En hebreo, “conquistar un derecho” es “tener el mérito de merecer”.

Es que los derechos requieren constancia, dedicación, empeño, y por sobre todo, rectitud. Por eso, jugando con las propias palabras, muchos dicen que los derechos humanos corresponden a humanos derechos.

 

Rodrigo Varscher

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