¿Kafka cabalista?

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¿KAFKA CABALISTA?

Pablo Cúneo

 

Es conocida la anécdota que contaba Georg Lukács sobre su posición ante la obra de Franz Kafka al que consideraba un autor no realista y decadente: al caer en desgracia ante Stalin y una vez recluido en un gulag lo fue a visitar su esposa a la que le confesó que se había equivocado con Kafka.

La anécdota nos ubica en una de las perspectivas fundamentales desde donde Kafka ha sido leído, como un autor que con angustia y no sin un dejo de humor (se cuenta que mientras leía El proceso a sus amigos, interrumpía la lectura por la risa) percibió el mundo tiránico de la burocracia y del fascismo que se avecinaba.

Por eso no deja de ser de alguna manera sorprendente la posición que Gershom Scholem sostenía ya en los años 30 del siglo pasado y que compartió con Walter Benjamin, en medio de la pasión que ambos tenían por Kafka, y que Scholem nos refiere en uno de sus libros sobre su amigo, citando una carta que le escribió el 1 de agosto de 1931. “Pero me viene a la memoria una observación que hice, también en los años treinta, y que mis alumnos solían citar. En efecto, en cierta ocasión les dije que para comprender la Cábala en nuestros días se debía previamente leer los escritos de Franz Kafka, y en particular El Proceso.”

Posición más que problemática desde el momento en que no hay referencia en la literatura de Kafka a lo judío, además de que en ningún momento en sus escritos aparece la palabra Dios.

Scholem reflexionará sobre Kafka -como le escribirá a Benjamín en esa misma carta- no en el marco de la historia de la literatura alemana “sino en el de la literatura judía”. Ahí le dice: “Sería para mí incomprensible que tú, en tanto que crítico, te aplicases a la tarea de hablar sobre el universo de este hombre sin poner en el centro la doctrina de aquello que Kafka denomina la ‘Ley’. Tal debería ser, y no otra, la forma que habría de adoptar, si fuese posible (¡¡he aquí una hipótesis en verdad temeraria!!), la reflexión moral de un adepto de la Halajá [ley judía] que se propusiese ensayar una práctica lingüística del juicio divino.”

Más adelante  en una carta del 12 de junio de 1938 Benjamín le escribirá a Scholem: “La obra de Kafka es una elipse, cuyos focos, muy alejados entre sí, están determinados, por un lado, por la experiencia mística (que es, sobre todo, la experiencia de la tradición), y por otro, por la experiencia del hombre moderno de la gran ciudad…Hablo, por un lado, del ciudadano del estado moderno que se sabe abandonado a un aparato burocrático inabarcable, cuya función está dirigida por instancias que son desconocidas incluso para los propios órganos ejecutivos, por no hablar de los que a ellos se someten. (Es sabido que esta es una de las lecturas de las novelas, en especial El proceso).”

Hay un relato corto, independiente, que Kafka lo incluyó en El proceso, cuyo título es Ante la Ley. Para Benjamín el relato más logrado de la literatura alemana. En él aparece un guardián junto a una puerta abierta que da a la Ley, un campesino se presenta y solicita que le deje pasar y entrar en la Ley. El guardián le prohíbe el paso y le dice que él es poderoso y que debe tener en cuenta que es el último guardián y que en otros salones hay guardianes más poderosos aún. El campesino que no había previsto esta dificultad, pues consideraba que la Ley debería ser accesible a todos, se sienta en un banquito que le da el guardián. Pasan años en los que el campesino suplica y con insistencia infinita trata de que el guardián lo deje pasar incluso sobornándolo, sin suerte alguna. El tiempo y los años transcurren, el campesino se va debilitando y ya cuando ve llegar su final se acerca al portero-guardián y le pregunta: -“Todos se esfuerzan por llegar a la Ley, ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?” El portero viendo que el campesino está por morir le dice estas palabras que son con las que Kafka termina el relato: -“Nadie podría pretenderlo, porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.”

Ríos de tintas se han escrito sobre este enigmático relato en particular. La obra de Kafka parece enlazar junto a su persona una unidad que le permitió como un verdadero profeta captar el mundo que se estaba construyendo. Digo junto a su persona, porque su Carta a mi padre, escrita y no entregada, de la que se han realizado también infinidad de ensayos, ha posibilitado relacionar su obra con aspectos esenciales de su vida personal.

Entresaco algunas líneas de la carta: “Pero para mí, un niño, todo lo que me gritabas era precepto divino, nunca lo olvidaba…”, “Pero desde muy temprano me prohibiste la palabra: ‘ni una palabra de protesta’ y la mano levantada al mismo tiempo me acompañan desde entonces. Contraje una manera atropellada, tartamudeante al hablar en tu presencia…era demasiado obediente, enmudecí de modo total, me escondía de ti y sólo me atrevía a moverme cuando estaba tan alejado de tu poder…”, “Me aterraba, por ejemplo, oírte decir: ‘te destrozo como a un pez’, a pesar de saber que a la amenaza no seguía nada terrible (por cierto, cuando era niño, no lo sabía), pero tu concepción de tu poder casi me convencía de que eras capaz de hacerlo”, “…había perdido frente a ti la confianza en mí mismo y adquirido, en cambio, una enorme conciencia de la culpabilidad”, “Tampoco el judaísmo me salvaba de ti Con esto hubiera sido concebible por sí solo una salvación… tenía mucho miedo en el Templo…porque una vez mencionaste de paso que yo sería llamado a declarar ante la Torá. Y eso me hizo temblar durante años”.

¿Hay lugar, pues, para una lectura de Kafka desde la cábala como lo sostiene Scholem y de alguna manera Benjamín lo asienta, como vimos en la carta de 1938?

Podemos leer en el Zohar  -el texto por excelencia de la cábala- un relato que no podemos dejar de percibirlo como un modelo en el que  Kafka se basó para redactar Ante la ley. En él aparece Rabi Jiyá que comienza un discurso diciendo: “El temor del Señor es el comienzo de la sabiduría”. Unas líneas más adelante continúa así:

”…el Salmista habla del grado más alto de la sabiduría, que solo puede ser          alcanzado a través de la puerta del miedo a Dios. Esto se halla implicado en los versículos ‘¿Abridme la puerta de la justicia! Entraré por ella, daré gracias al Señor. Esta es la puerta del Señor; los justos entrarán por ella’ (Salmos CXVIII, 19-20). Seguramente sin entrar a través de esta puerta uno nunca tendría acceso al Rey Altísimo. Imaginad un rey supremamente exaltado que se esconde de la vista común detrás de una puerta sobre otra puerta, y al fin una puerta especial cerrada y prohibida. Dijo el Rey: Aquel que desea entrar en mi presencia primero de todo debe pasar por esa puerta. Así, aquí la primera puerta a la súper Sabiduría es el miedo a Dios [el relato continúa…] ¿Por qué la primera puerta se llama ‘el miedo al Señor’? Porque es el árbol del bien y del mal. Si un hombre merece lo bueno es el bien y si merece lo malo, es el mal….’Bien’ y ‘entendimiento’ son dos puertas que son como una [el relato continúa…]”

Dejo abierto al lector a su propia lectura teniendo ante sí ambos relatos. Sólo quisiera agregar que el Dios de la cábala no es el Dios de la revelación tal como se le aparece a Moisés y tal como surge con la entrega de  la Ley, por el contrario es un Dios oculto, velado como en el relato del Zohar y como la Ley en la propia obra de Kafka.

 

BIBLIOGRAFÍA

Benjamín, Walter – Scholem, Gershom (1987): Correspondencia 1933-1940. Trotta. Madrid.

Kafka, Franz (1952): Ante la Ley en La condena. Emecé. B.Aires.

—————–  (1955): Carta a mi padre y otros ensayos. Emecé. B.Aires.

Scholem, Gershom (2007): Walter Benjamín. Historia de una amistad. Debolsillo, Barcelona.

El Zohar (1976) – Editorial Sigal. B.Aires (Traducción de León Dujovne).

8 pensamiento sobre “¿Kafka cabalista?

  1. Anónimo

    No conozco La Cábala, no se como se aplicaría al trabajo de Kafka ,pero la percepción de sus obras es de una realidad agobiante, demuestra la estupidez cínica de una sociedad cruel con absurda claridad , lo que torna su lectura la pesadilla “natursl’ del todo sin sentido.

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  2. OSvaldo Hugo Cucagna

    Tengo un trabajo sobre Kafka y el Proceso del escritor colombiano Guillermo Sanchez Trujillo,que demuestra como este tomo como base para su escritura Crimen y Castigo de Dostoiewski.Si me dan una dirección puedo enviárselos

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  3. Enrique Goldstein

    El temor a Dios es reverencial, el temor al padre es psicológico y físico claro que desde un punto de vista infantil es imposible diferenciarlo

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