¿Existieron los esenios?

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Cr. Isaac Markus

 

 

El reciente descubrimiento de “Los manuscritos del Mar Muerto” ha derivado en que los mismos hayan sido atribuidos a los esenios, una secta judía supuestamente existente a partir del siglo II a.e.c. No existe, en realidad, ninguna referencia a los esenios en todo el Antiguo Testamento. La referencia más notoria a esta secta surge del testimonio que el historiador judeo-romano Flavio Josefo hace en el libro “La guerra de los judíos”. Más allá del cuestionamiento sobre si realmente existieron, resulta interesante conocer como son caracterizados en dicho libro, para lo que hemos seleccionado algunos fragmentos que transcribimos a continuación:

“Los judíos tienen tres tipos de filosofía: los seguidores de la primera son los fariseos, los de la segunda son los saduceos, y los de la tercera, que tienen fama de cultivar la santidad, se llaman esenios.

Estos últimos son de raza judía y están unidos entre ellos por un afecto mayor que el de los demás. Rechazan los placeres como si fueran males, y consideran como virtud el dominio de sí mismo y la no sumisión a las pasiones. Ellos no aceptan el matrimonio, pero adoptan los hijos de otros, cuando aún están en una edad apropiada para captar sus enseñanzas, se comportan con ellos como si de hijos suyos se tratara y les adaptan a sus propias costumbres. No desaprueban el matrimonio ni su correspondiente procreación, pero no se fían del libertinaje de las mujeres y están seguros de que ninguna de ellas es fiel a un solo hombre.

Desprecian la riqueza y entre ellos existe una admirable comunidad de bienes. No se puede encontrar a nadie que sea más rico que los otros, pues tienen una ley según la cual los que entran en la secta entregan sus posesiones a la orden, de modo que no existe en ninguno de ellos ni la humillación de la pobreza ni la vanidad de la riqueza, sino que el patrimonio de cada uno forma parte de una comunidad de bienes, como si todos fueran hermanos.

No tienen una sola ciudad, sino que en todas las ciudades hay grupos numerosos de ellos. Cuando llega un miembro de la secta de otro lugar, le ofrecen sus bienes para que haga uso de ellos como si fueran propios, y se aloja en la casa de personas que nunca ha visto, como si de familiares se tratara. Por ello, viajan sin llevar encima absolutamente nada, sólo armas para defenderse de los bandidos. En cada ciudad se nombra por elección a una persona para que se ocupe de la ropa y de los alimentos de los huéspedes de la secta. En la forma de vestir y en su aspecto físico se parecen a los niños educados con una disciplina que provoca miedo. No se cambian de ropa ni de calzado hasta que no están totalmente rotos o desgastados por haberlos usado mucho tiempo. Entre ellos no venden ni compran nada, sino que cada uno da al otro y recibe de él lo que necesita. Por otra parte, sin que exista trueque, también les está permitido recibir bienes de las personas que quieran.

Moderan muy bien su ira, controlan sus impulsos, guardan fidelidad y colaboran con la paz. Todas sus palabras tienen más valor que un juramento, pero tratan de no jurar, pues creen que esto es peor que el perjurio. Ellos dicen que ya está condenada toda persona que no pueda ser creída sin invocar a Dios con un juramento. Estudian con gran interés los escritos de los autores antiguos, sobre todo aquellos que convienen al alma y al cuerpo. En ellos buscan las propiedades medicinales de las raíces y de las piedras para curar las enfermedades.

Según el tiempo que lleven en la práctica ascética se dividen en cuatro clases. Los más recientes son considerados de una categoría inferior a los más veteranos, de tal manera que si éstos últimos tocan a algunos de aquéllos, se lavan como si hubieran estado con un extranjero. Viven también muchos años, la mayoría de ellos superan los cien años, y creo que esto se debe a la simplicidad de su forma de vida y a su disciplina. Desprecian el peligro, acaban con el dolor por medio de la mente, y creen que la muerte, si viene acompañada de gloria, es mejor que la inmortalidad.

Hay otra orden de esenios que tiene un tipo de vida, unas costumbres y unas normas legales iguales a las de los otros, pero difieren en su concepción del matrimonio. Creen que los que no se casan pierden la parte más importante de la vida, es decir, la procreación, y, más aún, si todos tuvieran la misma idea, la raza humana desaparecería enseguida. De acuerdo con esta creencia, someten a las mujeres a una prueba durante tres años y se casan con ellas, cuando tras tres períodos de purificación demuestran que pueden parir. Mientras están embarazadas, los hombres no tienen relaciones con ellas, lo que demuestra que se casan por la necesidad de tener hijos y no por placer. Las mujeres se bañan vestidas y los hombres lo hacen con sus partes cubiertas. Tales son las costumbres de los esenios.”

1 pensamiento sobre “¿Existieron los esenios?

  1. Ricardo

    Si esenio es una deformación del griego esenoi y si esto es una deformación del griego hasidoi derivado de Hasidim que significaría PIADOSOS el AT y el NT están llenos de esenios (Piadosos)

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